lunes, 29 de diciembre de 2025

La astrología: ¿arte o ciencia?

 

La astrología utiliza un lenguaje, a un tiempo, técnico, simbólico y poético. Procede de la ciencia y del arte. Aprender su funcionamiento ayuda a conocerse más y a comprender mejor a los demás.
 

Ante todo, observarás que, normalmente, creemos o no creemos en la astrología. Esta divergencia se basa en un malentendido y en el desconocimiento de sus fundamentos. En efecto, creer o no creer es el resultado de una superstición y de un lugar común, ya muy antiguos. La creencia se relaciona con la idea de que todo está escrito en nosotros de antemano y con la afirmación de que vivimos bajo la influencia de los astros. 

Los adeptos a la astrología encuentran en ello una manera de justificar sus errores, sus debilidades, su ignorancia. Sus opositores ven en ella una creencia arcaica y al mismo tiempo la negación del libre albedrío.

A decir verdad, afirmar que todo está inscrito (y no escrito) en nosotros desde el día de nuestro nacimiento no significa que todo esté decidido. El niño que llega al mundo puede ser comparado con el grano sembrado. Si se conoce la naturaleza de la semilla, la cualidad de la tierra, el período del año en que se siembra, el clima de la región en la cual fue sembrada... se puede prever qué planta surgirá de la tierra. Se trata, más bien, de condiciones que de influencias. He aquí los criterios a los cuales se atiene el astrólogo.

LA ASTROLOGÍA COMO CIENCIA

Para los hombres de la Antigüedad -que concibieron el sistema y el principio del zodíaco hace aproximadamente 4.000 años-, la astrología era evidentemente una ciencia. Se basaba en el estudio de la relación entre los fenómenos de la naturaleza y ciertas manifestaciones celestes, que reaparecían a intervalos regulares.

Esta observación sistemática, didáctica y escrupulosa, construida sobre la ley de causa y efecto, es todavía la de los hombres de ciencia contemporáneos, aun cuando hoy con las nuevas aplicaciones tecnológicas ha quedado muy desfasado todo lo que nuestros antepasados hubieran podido imaginar. ¿Se trata de un progreso? Sí y no. A nuestro entender, lo es; ya que obtenemos los medios para vivir con mayor comodidad, más sanamente, más libremente, y, por tanto, más tiempo.

Así pues, podemos considerar que el hombre moderno no sólo ha desafiado a su destino, sino que también lo ha vencido al al prolongar su esperanza de vida en la Tierra. Sin embargo, ¿hemos vencido realmente las grandes plagas que siempre han atormentado a la humanidad a lo largo de los milenios: las catástrofes naturales (llamadas actualmente "ecológicas"), las hambrunas o las epidemias? No podemos estar tan seguros de ello. Las hemos vencido, pero sus sombras amenazadoras todavía nos observan.

Más aún, es muy raro que tengamos una visión optimista de nuestro futuro. El gran teatro del mundo, tal como se nos presenta día a día, nos inclina antes a la angustia, al miedo o a la desesperación, que al entusiasmo o a la esperanza.

Es aquí donde podemos cuestionarnos si, a medida que avanzan las ciencias y sus aplicaciones prácticas, no hemos perdido algo esencial: la capacidad de asombrarnos; esa capacidad que cada uno de nosotros posee y sin la cual la vida puede parecernos, a veces, carente de sentido. Sin embargo, para los hombres de la Antigüedad, esta parte de leyendas, mitos, de sueños, de misterios se encontraba en el centro del gran sistema que es la astrología, construido a pesar de de todo sobre unos datos lógicos y unas observaciones ciertamente rigurosas.

Por lo tanto, aunque vivimos con un relativo bienestar material y moral, y en unas condiciones que nos permiten protegernos del frío y de las intemperies, ver tanto de día como de noche, aliviar nuestros dolores cotidianos, vencer con cierta facilidad unas enfermedades que, en el pasado diezmaron centenares de miles de individuos, recibir a voluntad agua fría y caliente..., asimismo estamos sumergidos en un cierto desencanto y nos planteamos siempre las mismas preguntas sin conseguir dar con las respuestas: ¿De dónde venimos?, ¿quienes somos?, ¿adónde vamos?

Aunque los progresos de la ciencia hayan modificado nuestras costumbres en el aspecto formal, en el fondo nuestras preocupaciones continúan siendo las de siempre.

De hecho, si nos adentramos seriamente en el estudio de las civilizaciones y de las culturas del pasado, constataremos que los deseos, los sentimientos, las esperanzas, las motivaciones, las contradicciones, las preocupaciones, los comportamientos de aquellas gentes son comparables a los de nuestros antepasados.

LA ASTROLOGÍA COMO ARTE

Sea como sea, el zodíaco no es más que una gráfica de referencias en la cual podemos leer unos datos correspondientes a unas cualidades, a unos valores humanos.

Cada cual posee unas características que le son propias. Pero lo que hagamos de ellas depende tanto de las circunstancias (las condiciones en las que nos encontramos) como de nosotros mismos, de nuestras elecciones, de nuestros actos. Estos últimos no están inscritos en nuestra carta astral.

En cambio, el hecho de que estemos predispuestos para tal elección en vez de para tal otra, inclinados a producir tal acto y no otro, sí está claramente inscrito.

Así pues, no resulta vano afirmar que la carta astral sirve de soporte para nuestro propio conocimiento y el de nuestra vida activa.

Conocer los datos y las informaciones que se inscriben en el esquema de nuestro zodíaco personal nos da los medios para ser más clarividentes, más precavidos, más conscientes de nuestras cualidades, de nuestras debilidades y, también, de nuestras propias posibilidades y limitaciones.

De este modo, también se aprende a diferenciar lo que pertenece a nuestro ser y lo que resulta de las circunstancias y de las condiciones en que vivimos.

En otros términos, se trata de diferenciar nuestra responsabilidad de la de los demás,

He aquí cuál es el verdadero espíritu y con qué objetivo conviene aprender astrología.

Así pues, entendemos que la astrología se acerca más a un arte de vivir que a la práctica de una ciencia.

Sin embargo, para dominar este arte, es necesario someterse a reglas y cálculos, análisis y evaluaciones, métodos y teorías, hipótesis y experiencias, resultados y especulaciones, leyes y constataciones... que recuerdan los trabajos de un laboratorio.

 

 
 

lunes, 22 de diciembre de 2025

Los eclipses de Luna y de Sol

 

El Sol y la Luna juegan al escondite con la Tierra. Resultado de ello son los eclipses. que pueden incidir en nuestro destino individual y colectivo.
 

Qué fue más espectacular e impresionante para nuestros antepasados: ¿la repentina desaparición de la Luna en medio de la noche? o  ¿la del Sol en pleno día? Para ellos, ambas resultaban igualmente sorprendentes, pues se veían inmersos, en unos segundos, en la más profunda oscuridad, mientras el faro de la noche se extinguía poco a poco en el cielo claro y puro, o porque, también en algunos segundos, advertían cómo declinaba rápidamente el día y a continuación desaparecía durante un corto instante, como si una mano gigantesca escondiera el astro de luz, como si un monstruo se tragara la Luna o el Sol. En efecto, en muchas mitologías orientales, asiáticas u occidentales, un monstruo, serpiente o dragón devora a la Luna o se apodera del Sol.

 

Pero lo que quizás resulto todavía más extraordinario fue el hecho de que estos acontecimientos insólitos, mágicos y dramáticos -inquietantes mensajes celestes y divinos que casi siempre anunciaban la cólera de los dioses hacia los hombres-, se convirtieran en fenómenos predecibles. Si actualmente nos sentimos totalmente seguros en este terreno y no necesitamos la superstición -lo que, paradójicamente, no nos vuelve menos ávidos de saber qué nos espera en el futuro, de conocer el mañana y de hacer previsiones-, para nuestros antepasados todo era muy distinto. Ellos, simplemente por razones de supervivencia, necesitaban prever para prepararse de antemano contra las catástrofes o las calamidades susceptibles de trastornar el frágil equilibrio de un mundo, de cuya falta de dominio eran plenamente conscientes. Ahora bien, no importa lo que se diga o se piense hoy al respecto; pues, con razón, los hombres de la Antigüedad, basándose en un sistema que no tiene nada que envidiar a la estadística, definieron ciertas reglas básicas inherentes a los eclipses, que sería de sabios volver a tomar en consideración y estudiar de nuevo desde el punto de vista de nuestros antepasados, y que no debemos guardar descuidadamente y deprisa en el baúl de las supersticiones de otra época o de un tiempo pasado. Citemos, por ejemplo, el tratado de astrología más antiguo, cuyos primeros estudios datan sin duda de la primera mitad del II milenio antes de nuestra era, es decir, de la época paleobabilónica, período durante el cual la primera Babilonia ejercía su supremacía. Este tratado, tal como se encontró, se compone de 70 tablas de arcilla que datan de la primera mitad del milenio siguiente, las cuales no suponen más que una pequeña parte del total y que compilan aproximadamente unos 10.000 presagios, basados evidentemente en una interpretación deductiva: "Si la Luna al salir se muestra oculta en parte, con la punta derecha de su cuarto mermada, pero la otra afilada y perfectamente visible, durante tres años, la actividad económica del país se estancará. Y más adelante: "Si, durante el mes de Nisán (marzo-abril, el primer mes del año mesopotámico), se produce un eclipse de Sol, ese mismo año, el rey morirá". Citemos también la tabla escrita por un astrólogo asirio dirigida  a Assurbanipal, en la mitad del siglo VII antes de nuestra era: "El día 14 de este mes se producirá un eclipse de Luna. Anuncia sufrimiento para nuestros vecinos, del Sudeste o del Noroeste, pero es de buen agüero para su Majestad".

 
 ¿QUÉ IMPORTANCIA DEBEMOS DAR A LOS ECLIPSES?
 
Los textos babilónicos mencionan los eclipses antiguos
 

Hay que distinguir entre el eclipse  de Luna, que se produce cuando la Tierra se encuentra justo entre el Sol y la Luna, y ambos astros, consecuentemente, se hallan frente a frente, es decir, en Luna llena -en este caso la sombra de la Tierra es la que oscurece la Luna vista desde la Tierra, ya que nuestro planeta está delante del Sol-, y lo que denominamos imprecisamente el eclipse de Sol. Este último, de hecho, es una "ocultación" u "ocultamiento" que la Luna hace del astro del día, esta vez, como sabemos, en el momento de la Luna nueva, la cual se encuentra entre el Sol y la Tierra. En este caso, es la figura de la Luna la que oscurece al Sol visto desde la Tierra, puesto que el satélite se coloca delante del astro rey.

 

Así pues, podemos interpretar el eclipse de Luna o la ocultación del Sol desde dos puntos de vista distintos:

  1. Calculando y realizando una carta horaria basada en la coordenadas que corresponden al instante en que se producirá el eclipse o la ocultación, a partir de del cual estableceremos las previsiones llamadas mundiales, es decir, relativas a los acontecimientos susceptibles de producirse en el país.

  2. Observando en qué lugar de una carta astral se producirá este eclipse o esta ocultación, ya que, si tiene lugar en un punto llamado sensible, por ejemplo en conjunción perfecta o a 2º o 3º de orbe o separación de un astro, un punto ficticio o una cúspide de la carta astral, seguramente tendrá incidencia en los acontecimientos futuros relacionados con el nativo. Evidentemente, tanto en un caso como en otro, debemos tener en cuenta las posiciones de los astros en tránsito en el preciso instante de este eclipse u ocultación. Sin embargo, hay que distinguir, una vez más, el eclipse u ocultación parcial del total. Cuando es total, es decir, cuando la Luna o el Sol desaparecen completamente, su incidencia, obviamente, es más fuerte que cuando es parcial, es decir, cuando solamente se oscurece una parte de la Luna o del Sol.

lunes, 15 de diciembre de 2025

Las fases de la Luna

La Luna en el zodíaco con sus 4 fases, sus 8 tipos y sus 28 moradas, es una verdadera mona de información para el astrólogo.

Las 28 moradas lunares

Sabemos de la influencia de la Luna sobre las mareas, pero... ¿qué es en realidad? Su ritmo y amplitud dependen de la posición relativa de la Tierra, el Sol y la Luna, que cambia cada día. Esta influencia cíclica, luego mesurable, concierne también a los  fenómenos terrestres. ¿Por qué no ocurre lo mismo con los demás astros, por muy lejos que estén de la Tierra?

A menudo se afirma que la astrología es una ciencia basada en el principio de la influencia de los astros. Sin embargo, históricamente, esta cuestión, que fue el origen de una amalgama entre las 2 luminarias y los astros, es contemporánea al descubrimiento del sistema heliocéntrico, que demostraba que el Sol era el centro del sistema planetario y que los astros giraban a su alrededor. Esta pretendida influencia de los astros nació en la mente de los astrólogos y astrónomos del Renacimiento: Copérnico, Tycho Brahe, Kepler y Galileo. Tal teoría fue la causa de la escisión entre la astronomía y la astrología, ya que los astrónomos modernos negaban cualquier acción de los astros sobre nosotros.

Sin embargo, debemos subrayar que los sacerdotes astrólogos de la Antigüedad jamás concibieron en términos de influencias el desplazamiento de los astros por el interior del zodíaco, sino de coincidencias o analogías entre ciertos fenómenos celestes y terrestres. Las civilizaciones de la Antigüedad ejercieron tal fascinación en los hombres del Renacimiento, que hubo una especie de retorno a los orígenes, pero se quedó en un nivel superficial, el cual provocó numerosos malentendidos que todavía hoy perduran.

El astrólogo debe saber diferenciar las influencias físicas del Sol y la Luna sobre ciertos fenómenos terrestres y, asimismo, conocer el lenguaje simbólico de los astros. Por este motivo, cuando se trata de la Luna, tenemos que tener en cuanta estos dos campos de interpretación.

 

LAS FASES LUNARES

 Las 4 fases de la Luna


Para el astrólogo, las fases lunares  se componen de 3 series:

  1. Las 4 fases lunares elementales: Luna nueva, cuarto creciente, Luna llena o plenilunio, cuarto menguante.

  2. Los 8 tipos lunares: Luna nueva, Luna creciente, cuarto creciente, Luna gibosa, Luna llena, Luna propagadora, Luna menguante, cuarto menguante.

  3. Las 28 moradas lunares: corresponden a las 28 fases de un ciclo lunar o lunación, es decir, una revolución completa de la Luna alrededor de la Tierra. Ahora, empezaremos explicando las características astronómicas y astrológicas de las 4 fases elementales de la luna

 

LUNA NUEVA

Astronómicamente, tiene lugar el día en que la Luna sale y se pone al mismo tiempo que el Sol. Una y otro se encuentran en la misma posición en relación a la Tierra.

Así pues, cuando las 2 luminarias se encuentran exactamente en el mismo eje, durante un breve momento, en relación a la Tierra, con la Luna situada entre el Sol y la Tierra, siempre se produce un eclipse o. más exactamente, una ocultación del Sol.

Cuando aparece la Luna nueva, este satélite muestra su lado oscuro a la Tierra.

Astrológicamente, tiene lugar en el momento en que el Sol y la Luna se encuentran en el mismo grado del zodíaco, es decir, en el mismo signo. Imaginemos, por ejemplo, que el día de Luna nueva, el Sol esté a 8 grados del signo Aries: la Luna también lo estará.

Decimos entonces que el Sol y la Luna están en conjunción.

 

CUARTO CRECIENTE O LUNA CRECIENTE  

Astronómicamente, tiene lugar 7 días después de la Luna nueva. Según el período del año, la Luna muestra una diferencia horaria, en relación con el Sol, de 6 a 12 horas, es decir, sale y se pone entre 6 y 12 más tarde que aquél. Visto desde la Tierra, tiene un aspecto de una media Luna que crece de derecha a izquierda, formando una especie de D mayúscula. Astrológicamente, se produce en el momento en que el Sol y la Luna forman un ángulo de 90 grados en el zodíaco, con la Luna precediendo al Sol. Retomando nuestro ejemplo, si un día de cuarto creciente el Sol está a 15 grados del signo Aries -efectivamente el Sol se desplaza en el zodíaco un grado por día-, la Luna se situará a 15 grados del signo Cáncer. Se dice entonces que está en cuadratura.

 

Los 8 tipos lunares

 LUNA LLENA

Astronómicamente, tiene lugar 14 días después de la Luna nueva, es decir, el día en que la Luna se pone mientras sale el Sol y a la inversa. Se encuentran, por lo tanto, la una frente al otro, con la Tierra por medio. Un eclipse de Luna siempre se produce en la fase de plenilunio. El Sol, la Tierra y la Luna se encuentran en el mismo eje y la Tierra oculta la cara iluminada de la Luna. Efectivamente, cuando hay plenilunio, se hace visible la totalidad del disco lunar.

Astrológicamente, tiene lugar en el momento en que el Sol y la Luna distan 180 grados en el zodíaco, situados, por tanto, en 2 signos opuestos. Siguiendo con nuestro ejemplo, si el Sol está a 22 grados del signo Aries un día de plenilunio, la Luna se encontrará a 22 grados del signo Libra. Se dice entonces que están en oposición.

 

CUARTO MENGUANTE O LUNA MENGUANTE

Astronómicamente, tiene lugar 21 días después de la Luna nueva. La diferencia horaria entre las salidas y las puestas de las 2 luminarias se reduce hasta una diferencia similar a la del cuarto creciente.

Vista desde la Tierra, la Luna nos ofrece el aspecto de una media luna cuya parte iluminada disminuye, formando una especie de C mayúscula.

Astrológicamente, tiene lugar cuando el Sol y la Luna forman de nuevo un ángulo de 90 grados en el zodíaco, como en el cuarto creciente.

Sin embargo, a lo largo de esta fase, el Sol precede siempre a la Luna. Para concluir con nuestro ejemplo, si el Sol está a 29 grados del signo Aries, la Luna se situará a 29 grados del signo Capricornio. Se encuentran de nuevo en cuadratura en el zodíaco.