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miércoles, 1 de abril de 2026

La videncia


¿Podemos ver más allá de las apariencias, lo que resulta desconocido para los demás? ¿Puede verse y conocerse el pasado y el futuro de un ser? ¿Podemos ser videntes?

Para entender el complejo fenómeno de la videncia, es indispensable aclarar el sentido de esta palabra, tan desprestigiada actualmente. Para muchos, la videncia se resume a un don de ver los acontecimientos o hechos que ocurrirán fatalmente en nuestra vida, en un futuro más o menos lejano.

El vidente -sobrentiéndase hombre o mujer, aunque aquí solo se emplee con el artículo masculino por motivos de economía del lenguaje- predice el porvenir, como solemos decir. Para un vidente ver es prever. Sin embargo, observamos que para apoyar sus predicciones, el vidente empieza a menudo por revelarnos situaciones o circunstancias relativas a nuestro pasado, aludiendo a unos seres que hemos tratado y que, presentes o ausentes en nuestra vida, permanecen cerca de nosotros. Por tanto, el vidente no se contenta con predecir o prever, sino que opera mediante una especie de auscultación de nuestra memoria, en la cual parece buscar imágenes íntimas, extraídas de nuestra vida pasada que, a primera instancia, él ignora. Nos encontramos en el campo de lo que se ha llamado retrocognición, es decir, el conocimiento del pasado, que se opone a la precognición, término que proviene de las palabras latinas prae (previamente) y cognoscere (conocer), es decir, conocer de antemano. Tal es la facultad del vidente: ver y prever, sin que lo sepamos, unos acontecimientos futuros que nos conciernen. ¿Cómo es posible que se dé este fenómeno?

"Videncia" y "vidente" proceden del latín videre, que significaba "ver". De la misma raíz provienen las palabras "visitar" (que originalmente quería decir ver con frecuencia), "visión" (que se entendía tanto como aparición o ensueño) y "evidente" (término con lo que se designa lo que, por patente, salta a la vista).




EL FENÓMENO DE LA VIDENCIA

Por muy extraño que pueda parecer, en consideración al número de videntes que ejercen más o menos en todas partes del mundo, y teniendo en cuenta las múltiples investigaciones que los hombres de ciencia emprenden actualmente al respecto, jamás han sido estudiados seriamente los mecanismos de la videncia. Es un principio que está relegado al pasado y asimilado a las supersticiones y a la ignorancia. No obstante, la videncia existe hoy y siempre ha existido. Este fenómeno está relacionado con las investigaciones sobre el inconsciente, del cual, quizá, sea tan solo un producto. Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, demostró que, en el inconsciente, el tiempo no existía. O, con mayor precisión, que en esta zona oscura de nuestra personalidad, el pasado y el presente podían confundirse y surgir en cada momento. Recordemos que el análisis se basa en una serie de asociaciones de ideas que pueden permitirnos devolver a nuestra conciencia actual hechos, acontecimientos o situaciones, y también sentimientos y emociones, de nuestro pasado. De hecho, según el principio enunciado por el psicoanálisis freudiano, el inconsciente es el lugar desconocido de la consciencia, habitado por contenidos reprimidos que escapan a lo consciente.

Años después, Carl Gustav Jung, discípulo y colaborador de Freud, y cuyos trabajos no obtuvieron la aprobación de su maestro, demostró que en el inconsciente el pasado, el presente y también el futuro se combinaban, se interpretaban, se mezclaban hasta contener a veces respuestas o soluciones intuitivas a nuestros problemas sin resolver. Después de largas investigaciones y estudios profundos sobre el lenguaje de los mitos y de los símbolos, Jung reveló que la intuición no era más que el producto de la memoria inconsciente del sujeto, la cual se manifiesta en horas de vigilia o durante el sueño.

Podemos concluir que todo lo que hemos vivido está inscrito en nuestra memoria inconsciente, pero también que algunos acontecimientos venideros ya están inscritos en nosotros, a modo de germen.

Por lo tanto, ciertos seres que están dotados de una percepción inconsciente o psíquica más sensible que la de otros deberían ser capaces de captar estas imágenes inscritas en nuestra memoria sin que seamos conscientes de ellas. Pero este fenómeno resulta extremadamente raro y muy pocos son los que lo dominan. Sí, la videncia existe; pero, ¿para qué sirve y qué uso hacemos de ella? ¿No sería más acertado aprender a descubrir y a explotar nuestra memoria inconsciente intuitiva con el fin de ser más conscientes de nuestras verdaderas motivaciones y de los acontecimientos venideros, cuyas causas se encuentran, a menudo, en nuestros actos pasados o actuales? "Si supiera cómo un árbol se contrae en una semilla, podría también predecir cómo el árbol se desarrollará a partir de ésta. Si conociéramos el núcleo central de una situación, podríamos predecir sus consecuencias", ha escrito Marie-Louise von Franz.




¿POR QUÉ ES TAN RARO ESTE FENÓMENO?

Porque la memoria inconsciente intuitiva no actúa por encargo. No basta con tener, un poco más que los demás, la facultad de ver, para ver sistemáticamente y en cada momento.

Así en la Antigüedad, se distinguía la adivinación intuitiva o espontánea de la adivinación inductiva o razonada.

La primera la practicaban unos cuantos profetas, la segunda, mucho más común, resultaba de la interpretación de los signos y símbolos u oráculos, es decir, del uso de las artes adivinatorias.

Por otra parte, cabe subrayar que la memoria inconsciente intuitiva se expresa mediante el lenguaje de los mitos y de los símbolos..

Sin embargo, no solamente resulta rica y muy compleja, sino que además las interferencias de las experiencias vividas por el individuo en cuestión pueden añadir una interpretación inconsciente personal de los signos y de los símbolos cuyo significado exacto escapa a menudo al vidente.

A partir de esto, entenderemos que no basta con ver, sino que es necesario ser capaz de interpretar lo que se ve.

"De la misma manera que un físico no puede predecir un acontecimiento único con total exactitud, un oráculo no puede predecir un acontecimiento preciso. Pero puede dar una lista de probabilidades en las que se proyecta la imagen de un campo calificativo de acontecimientos, y puede predecir que algo se producirá en este campo", ha escrito Marie-Louise von Franz.

"Augurio" entronca con el latín auspicium, término que hace referencia a la observación de las aves. Con su derivado augur se designaba al sacerdote que efectuaba sus predicciones mediante esa técnica. En castellano, ha quedado la expresión "ser pájaro de mal agüero".

miércoles, 19 de enero de 2022

Augurios y auspicios o la adivinación entre los romanos

 

Un ave solo puede ser de buen augurio. Si ves alguna cruzando el cielo de tus sueños o de tus pensamientos, significa que se te deparan buenos auspicios.


Podemos hablar realmente de una cultura adivinatoria típicamente romana? Nada menos seguro, porque este pueblo, que tuvo la ocasión de enfrentarse a culturas muy diversas en muchas de sus colonias, aunque primero se inspiró mucho en la cultura griega, aparece más bien como un cruce de creencias y costumbres múltiples y variadas, algunas de las cuales integró tal como eran, otras las interpretó a su gusto, a otras, hacia las que sentía mucha hostilidad y que habría querido prohibir, las toleró con el fin de preservar la paz en las regiones de su inmenso imperio, dando su particular sentido a la noción de civilización.

Puesto que si los romanos dominaron durante mucho tiempo, sin duda fue porque pusieron un poco de orden, reuniendo a pueblos de creencias dispares, no siempre con la misma tolerancia, los cuales acabaron por autodescubrirse, comprenderse entre ellos y a veces unirse, ya que estaban bajo el yugo del Imperio romano y debían someterse a la ley romana o porque juntos se levantaban contra el imperialismo romano. En todo caso, muchos de estos pueblos, algunos de los cuales formaron el pueblo celta, se sometieron a la ley romana e hcieron concesiones para adoptar las costumbres menos bárbaras, por ejemplo la abolición de los sacrificios humanos, que los romanos detestaban y que, por toda Europa, se practicaban hace menos de 2.000 años. Únicamente los druidas, que constituían una categoría extremadamente poderosa, elitista y misteriosa, preservaron sus ritos y creencias, y supieron resistir a todas las presiones, hegemonías o intimidaciones de los romanos. Finalmente, los cristianos que siguieron las huellas de los emperadores romanos triunfaron ahí donde sus predecesores fracasaron y se inspiraron, entonces, en muchos ritos y reglas de los druidas para crear sus propias órdenes religiosas. Ya que, a fin de cuentas, únicamente una religión puede vencer y sustituir a otra. En efecto, la historia nos enseña que una nación, por más fuerza militar y política que tuviese, jamás ha acabado con una creencia religiosa. En cambio, a menudo ha sucedido lo contrario. Señalemos que por esta razón los dirigentes de la actual China temen tanto el despertar de determinadas creencias religiosas en su vasto país, el cual recordemos que está formado por más de mil millones de hombres y mujeres que, al contrario de lo que se cree, están lejos de tener una cultura única en común.

Finalmente, para completar, precisemos que, astrológicamente, la entrada de Urano en Piscis en el año 2003 -que permaneció en este signo hasta el año 2011- y aún más la de Neptuno en este mismo signo en el año 2012 -que permanecerá en él hasta el año 2025- permiten vislumbrar un aumento de la popularidad de todas las creencias religiosas, porque Urano y Neptuno se consideran indicadores de las grandes corrientes colectivas.

AUGURIOS Y AUSPICIOS ROMANOS


Los romanos se preguntarían si esto sería un buen augurio. En efecto, aunque hoy acostumbramos a hablar normalmente de buen o mal augurio, los romanos no podían imaginar que un augurio fuera malo, porque el mismo nombre de augurio designaba exclusivamente un presagio favorable o un saceauspirdote y adivino que se entregaba a trabajos adivinatorios con fines benéficos. Así, encontramos en augur, augurium, el latín augere que es la raíz del verbo aumentar, subrayando así que el augurio que un sacerdote o adivino romano revelaba debía sistemáticamente aumentar las oportunidades de aquél o aquélla a quien se dirigía el presagio. Por eso, podemos decir que un "buen augurio" era una redundancia, para los romanos, evidentemente.

En cuanto a los famosos auspicios, bajo el consejo de los cuales siempre deseamos estar, en Roma se referían exclusivamente a los presagios, previsiones y predicciones relativos al vuelo de las aves y, concretamente, una vez más, al sacerdote y adivino que se encargaba de examinarlos. En efecto, auspicio deriva de avis, ave, y spicere, examen. Y auspicium, que se formó a partir de estas dos palabras tan antiguas, designaba un presagio feliz y aun, podríamos añadir, el presagio feliz por excelencia. El augur, es decir, el sacerdote y adivino, se iba a la cima de una montaña desde la salida del Sol. Durante todo el día hasta que caía la noche, escudriñaba el cielo. Inmóvil, observaba y examinaba el vuelo de algunas aves, los gritos y los cantos de otras y designaba una zona determinada del cielo con su bastón, en la que fijaba su mirada sin descanso, teniendo en cuenta tanto los vuelos y gritos que se producían a su derecha como los que veía o creía ver a su izquierda.

Los primeros se consideraban nefastos,los segundos favorables. Y después de analizar los pros y los contras , finalmente presentaba sus auspicios, que siempre eran favorables. Como vemos, augurio o auspicio, el sacerdote y adivino romano solo se interesaba por los presagios favorables y afortunados, lo que dice mucho de la mentalidad de este pueblo, que parece que solo veía las cosas desde un punto de  vista positivo, a imagen de las cualidades que se atribuían a su dios Júpiter, que ocupaba un buen lugar en el zodíaco y que estaba considerado el astro de la alegría de vivir, del optimismo, de la generosidad y de la expansión. Ahora bien, no hubo nadie más expansionista y colonizador que los romanos, tanto para lo peor como para lo mejor, pues, con la distancia, muchos historiadores se recrean hablando de sus emperadores, que tienden a considerar genios, aunque no debemos olvidar que también fueron hombres muy sanguinarios si miramos la historia.