lunes, 2 de febrero de 2026

La astrología kármica. El Nodo lunar norte y la realización de uno mismo

 

¿Hay una vida anterior? ¿Tendremos otra vida? Podemos pasarnos toda una eternidad preguntándonos esto, pero ¿no es más importante pensar en realizarse uno mismo, aquí y ahora?

 

Nos encontremos o no en la era de Acuario, lo que sí es cierto es que estamos en la de la comunicación.

A partir de ahora, gracias a los innumerables satélites que giran sobre nuestras cabezas, podremos localizar a cualquier persona, casi desde cualquier lugar del planeta. Simultáneamente, las autopistas de la información y la red de comunicaciones unen todos los ordenadores del planeta, por poco que uno quiera conectarse.

Sin embargo, podemos objetar que, no porque dispongamos de los medios tecnológicos para comunicarnos, tendremos más cosas que decirnos. Así, en medio del vértigo del progreso, seguimos preguntándonos las mismas cosas: ¿De dónde venimos? ¿Quienes somos? ¿Hacia dónde vamos?

Al establecer un diálogo a través de una pantalla o de un teléfono. el hombre moderno vive cada vez más virtualmente, de modo que corta con la realidad, cercena el contacto físico con el mundo y, ante todo, con su entorno natural.

A partir de ahí, se permite todos los fantasmas y, si no vigila, se convertirá totalmente en su propia víctima, prisionero de un mundo abstracto que habrá forjado por completo y que, el día en que no tenga ninguna razón de ser, le dejará totalmente desarmado. Sin duda alguna, todavía no hemos llegado a ese punto.

Ello no impide que pensemos que este frenesí del ser humano por querer comunicar y transmitir nos revela un profundo desarraigo, un desencanto, un miedo a la realidad material, una inadaptación a la vida, que compensa creando un nuevo sueño tecnológico: la realidad virtual.

LA LEYENDA DE NUESTRA VIDA

Esta realidad virtual la creamos igualmente imaginándonos que vamos a poder descubrir nuestras vida anteriores. En efecto, si sentimos un malestar en nuestra vida, y las explicaciones de los psicoanalistas o de los psicólogos -que irán a buscar en nuestra infancia las causas profundas de todos nuestros traumas, nuestros comportamientos y reflejos- no nos satisfacen, si aún tenemos, a pesar de todo, sed de esperanza y de sueños, de maravillarnos y de amar -lo que al fin y al cabo es un mínimo vital-, ¿por qué no convencernos de que en otra vida hemos conocido días mejores?, ¿por qué no pensar que nuestra existencia actual es sin duda una prueba y nos espera otra más tolerable?

Así ocurre, sencillamente, porque la mujer y el hombre están hechos de manera que no pueden vivir sin la esperanza o el miedo al futuro, al devenir que querrían descubrir, desvelar, conocer y dominar.

¿Existen métodos y técnicas para hacer incursiones en nuestro pasado y, de este modo, hacernos más susceptibles de comprender mejor nuestro presente y prever nuestro futuro? Desgraciadamente, creemos que no.

En cambio, si abordamos la astrología kármica desde el punto de vista del conocimiento de uno mismo y de nuestra realización personal, si queremos aceptar el hecho de que todos estamos marcados, es decir, que cada uno de nosotros lleva marcas y signos particulares que pueden ayudar a descubrirnos, a conocernos, a comprender de dónde venimos -no geográfica e históricamente, sino espiritualmente- quienes somos -no científicamente, sino humanamente- y hacia dónde vamos -no teórica, sino realmente-, entonces podremos descubrir la información que nos llevará por el buen camino, la leyenda de nuestra vida. 

LA REALIDAD DE NUESTRA VIDA

Como toda leyenda, la de nuestra vida tiene sus puntos fuertes, pero también sus remansos de paz y sus períodos difíciles, problemáticos, que nos ponen a prueba. Pero, para entrar en esta leyenda, hay que inscribirse en la realidad de la vida, sentirse a la vez único y solidario.

Es una verdadera gimnasia del espíritu. Por ejemplo, hay que ser capaz de decirse que allí donde vivimos, respiramos, pensamos y actuamos, participamos de todo lo que vive, respira, piensa y actúa a nuestro alrededor. También hay que ser capaz de admitir que, en el instante de nuestro nacimiento, ya éramos tal como somos hoy.

De ahí que el mapa del cielo establecido en el momento del nacimiento resulte un poco como un contrato que hemos firmado con nosotros mismos. Si es así, deberemos entonces reconocer, en nuestra carta astral, las cualidades -siempre entendidas en el sentido de lo que cualifica- que sólo nos pertenecen a nosotros, las que son de alguna manera innatas y tanto podrían haberse revelado o manifestado según otros criterios, en otras condiciones, o ser la consecuencia de combinaciones de elementos diferentes. Lo que queremos decir es que todos tenemos cosas en común, que todos estamos hechos con el mismo molde. Sin embargo, cada uno de nosotros también alberga aquella pequeña cosa que le hace diferente y que implica que, precisamente -se crea lo que se crea, a pesar del poco caso que hoy día se hace de esto-, todo ser humano es irreemplazable.

 

lunes, 26 de enero de 2026

Astrología y karma

 

La astrología kármica es un buen método de investigación para ayudarnos a comprender mejor en qué consisten el destino y el libre albedrío, y cómo se inscriben en una carta astral.

De entrada, debemos ponernos en guardia frente a la asociación de astrología y karma; pues este principio basado en el estudio de la carta astral bajo el punto de vista del karma se presta a confusión y suscita especulaciones totalmente fuera de lugar. De tal forma, se nos habla de vidas anteriores; pero, la mayoría de veces, observarás que las vidas a las que se alude, que son las nuestras, siempre tienen algo de beneficioso o gratificante. Así, nos enteramos de que en una vida anterior hemos tenido una existencia feliz, brillante u holgada, y como hemos sido obligados a renacer en la Tierra para redimir nuestras faltas. En este caso, debemos subrayar que en la mentalidad de la gente, y particularmente en la de los que creen en la astrología kármica, las nociones de pecado, deuda que pagar, falta que redimir, son las que prevalecen. Sin embargo, no hay que abordarla desde este punto de vista, ya que corremos el riesgo de deslumbrarnos o dejarnos engañar.

LA ASTROLOGÍA, EL KARMA Y LA CARTA ASTRAL

El pasado tiene algo de mítico y de confortable, por el hecho mismo  de permitir que nos evadamos de nuestro presente, a veces demasiado apremiante o inquietante. Actualmente, vuelve el interés por la historia, sobre todo por los relatos y las novelas históricas. Esto tiene una explicación. En la vida cotidiana, feliz o desgraciada, de los hombres y las mujeres del pasado encontramos las raíces y los puntos de referencia -no sólo históricos, sino también morales y espirituales- que habíamos perdido y que, por desgracia, faltan en nuestras sociedades contemporáneas. Ahora bien, en una época en que nunca habíamos sido tantos los habitantes de la Tierra, en unos tiempos en que existe un verdadero problema de supervivencia para la humanidad y para la realización del individuo -el cual se siente más o menos, y a pesar de él, ahogado entre la masa de millones y millones de seres humanos que pueblan nuestro planeta-, ¿cómo podríamos encontrar soluciones, nuevos valores, nuevas referencias sin mirar hacia nuestro pasado, hacia nuestra historia, hacia la vida de estas mujeres y hombres, nuestros antepasados que, en el fondo, tenían las mismas preocupaciones que nosotros, a otra escala y en otro tiempo?

Necesitamos, pues, mirar hacia el pasado para extraer lecciones de él, experiencias humanas. De ahí a imaginar que nosotros hemos sido tal o cual personaje, identificándonos con él, sólo existe un paso, que el mal uso de la astrología kármica, mal interpretada o utilizada con fines comerciales, nos ayudará a dar.

Pero la astrología kármica no es eso. Cuando estudiamos una carta astral bajo el punto de vista de tales principios, hay que desprenderse de todas esas nociones  de pecado, faltas y errores cometidos en un ayer hipotético; no hay que creer que una alma reencarnada está aquí para pagar y redimir. Pues si lleváramos este razonamiento hasta el extremo, llegaríamos a la conclusión de que todos los seres humanos presentes hoy en día en la Tierra son culpables de algo. 

Tu carta astral nunca te va a permitir que sepas quién eras físicamente en una vida anterior, si es que hubo alguna. En cambio, si quieres comprender y saber mejor, quién y cómo eres actualmente, cuáles son tus buenos y malos reflejos en el comportamiento, cuál es tu experiencia, cuáles tus dones y tus ventajas, pero también tus carencias, defectos, debilidades, cómo puedes comportarte contigo mismo para explotar los primeros sin tener que sufrir los segundos, entonces todo lo encontrarás escrito en tu carta astral.

De esta forma, los principios de la astrología kármica, adaptados al estudio y a la interpretación de la carta astral, podrán ayudarte.

LOS DOS GRANDES PRINCIPIOS DE LA ASTROLOGÍA KÁRMICA

 

En efecto, para hacer un buen uso de la astrología kármica, hay que poner su técnica y sus elementos de investigación al servicio de la interpretación de la carta astral.

Estos dos grandes principios se basan, por un lado, en las posiciones de los Nodos lunares norte y sur en la carta astral -su situación en los signos, en las Casas y los eventuales aspectos que forman con otros astros o puntos ficticios- y, por otro lado, en las posiciones de los astros retrógrados, es decir, aquellos de los que se tiene la impresión que retroceden en el zodíaco durante ciertos períodos del año.

Por último, hay que entender el karma en el verdadero sentido de esta palabra sánscrita, que significa literalmente "acto".

Ahora bien, según los hinduistas, obviamente, el karma es la consecuencia de lo que ellos llaman Samskâra. Con este término definen el conjunto de impresiones, tendencias, gustos, expresiones y potencialidades de todo tipo, que contiene la personalidad de un ser desde el día de su nacimiento, es decir, lo que guía sus gustos, actitudes, comportamientos, pensamientos, deseos, motivaciones y actos de su vida actual y futura, conjunto que tendría ramificaciones u orígenes en eventuales vidas anteriores o encarnaciones del pasado. Hablamos de modo potencial, pues se trata de creencias específicas, inherentes a la religión hinduista, la cual implica, evidentemente, una filosofía de vida particular y un punto de vista de la carta astral totalmente orientado.

De tal manera, los astrólogos occidentales que han tomado este campo de investigación de la astrología india a veces creen positivo interpretar el karma como un valor absoluto en la carta astral. Sin embargo, para evitar toda confusión y especulación errónea a partir de este campo de investigación, es más sensato revelar y retener como complementarias las informaciones que pueda aportarnos al estudiar e interpretar una carta. 

De la astrología kármica, por tanto, nos conformamos con conservar los elementos que revelan lo que contiene el Samskâra, los cuales resumiremos en un concepto: éstos integran el conjunto de cualidades -en el sentido de lo que "califica"- buenas y malas de un ser, las cuales son la causa de los reflejos del comportamiento; o, en otras palabras, hace referencia a las ventajas y defectos personales de un ser, los cuales dependen tanto de él y de sus actos, como de los demás y de las circunstancias. Se trata, pues, de las bases de la personalidad de un individuo -que sólo le pertenecen, revelan y dependen de él-, de la materia prima sobre la que es posible trabajar para mejorar y enriquecer y, al hacerlo, evolucionar y realizarse.

A menudo se manifiesta a través de una ambivalencia fundamental, sobre la cual reposa la estructura de la personalidad. Ésta le permite afirmar la diferencia, la originalidad y la singularidad en la expresión de su destino y de su libre albedrío, legibles en su carta astral. Tal es la riqueza de informaciones que podemos obtener si utilizamos los principios de la astrología kármica. 



lunes, 19 de enero de 2026

La astrología o la ciencia de los presagios, el destino y el libre albedrío

 

¿Cómo hemos pasado de los simples presagios al complejo y elaboradísimo sistema zodiacal, hasta llegar por fin a las nociones de destino y de libre albedrío?

Los hombres, durante la prehistoria y la Antigüedad, con la mirada dirigida hacia el cielo, además de ver allí señales de los dioses, reconocieron figuras, dibujos, representaciones que, a lo largo de los siglos, se han convertido en lo que hoy llamamos las constelaciones.

Gracias al hallazgo de pruebas grabadas en escritura cuneiforme sobre tablas de arcilla que datan de finales del III milenio antes de nuestra era, hoy día somos capaces de fijar el nacimiento de la astrología.

En efecto, una de esas tablas encontradas en Mesopotamia hace alusión a un eclipse lunar que habría anunciado la muerte del rey acadio Naram-Sin, en el año 2259 a.C.

Si tal dato astrológico se cita claramente en esta época probablemente se deba a que la astrología ya existía hacía algún tiempo y era utilizada como referencia. Podemos, pues, suponer que nació hacia el año 2500 a.C., es decir, hace 4.500 años aproximadamente. Sin embargo, parece que el sistema del zodíaco y de los signos astrológicos apareció más tarde. Encontramos sus huellas escritas hacia el año 1700 a.C., y el zodíaco perfectamente constituido tal como lo conocemos actualmente hace su aparición en 1010 a.C., mientras que un siglo antes, en al año 1120 a.C., se escribió en Babilonia el Poema de la Creación o Enuma Elish, en el cual toda la cosmogonía ya se basaba en la astrología.

Actualmente, nos cuesta imaginar que en tiempos pasados, pero también en tiempos no tan lejanos, fiel a su antigua tradición, el hombre de ciencia y de saber estaba en condiciones de ejercer varias disciplinas: astrónomo, astrólogo, médico, matemático, mago, poeta, artesano, etc. Al hacerlo, tenía una visión  más sintética de los elementos que constituían la vida y la naturaleza, de su interacción, de las relaciones constantes, visibles e invisibles, evidentes y sutiles, que mantienen permanentemente entre ellos. Es una visión que hemos perdido, en favor de una especialización tal vez más afinada y eficaz, al menos más adaptada a nuestro mundo y a nuestro modo de vida actuales donde, casi siempre, solucionamos lo más urgente y vivimos con emergencia. Sin embargo, al especializarnos, nos aislamos y dividimos unos principios que solamente tienen sentido si están juntos. Y, además, siempre con una finalidad de ser más eficaces, sin duda alguna, pero también haciendo intervenir importantes intereses económicos y financieros que, a la fuerza, han acabado por convertir en secundaria cualquier otra consideración. Hemos perdido, más que una ética, un sentido innato de la vida, un instinto de naturaleza. Si el hombre, sin duda, se ha preocupado por su alma desde el momento en que solucionó el problema de la comida, pues su necesidades vitales ya no le atenazaban y se sentía aliviado y seguro, no por eso es menos paradójico que sea casi siempre en la adversidad, el miedo, el sufrimiento y las dificultades cuando toma conciencia de su alma y  de lo que debe o debería ser lo esencial de su vida. Es como si demasiada seguridad o comodidad material y moral inhibieran su conciencia, prohibiéndole cualquier perspectiva de evolución. 

Esta observación nos conduce a preguntarnos naturalmente cómo y por qué nuestros antepasados fundaron la astrología y qué uso real hicieron de ella; puesto que, al preguntárnoslo, remontaremos hacia los orígenes, hacia los fundamentos verdaderos sobre los que aquélla reposa.

LA ASTROLOGÍA, UNA CIENCIA DE PRESAGIOS

Por lo que a nosotros se refiere, creemos que todo empezó con los presagios. ¿Qué es un presagio? Es un fenómeno natural cuya aparición o manifestación coincide con la de un acontecimiento, una circunstancia particular relativa a la vida humana, que anticipa o anuncia algo. Por eso, estas señales de reconocimiento que fueron los primeros presagios, sin duda, son el origen de todos los lenguajes. Daban a los hombres la ocasión de poderse comunicar con la naturaleza y con su entorno y, por la misma razón, entrar en contacto con los dioses.

En efecto, para el hombre del pasado, estos fenómenos que se reproducían de forma regular y parecían siempre anunciar lo mismo, tenían que ser producidos por una inteligencia. Y aunque nuestro antepasado no lo razonaba todavía desde el plano de la inteligencia, ya presentía que había ciertos parecidos entre tales fenómenos y otros producidos por él mismo. Sin embargo, como las manifestaciones de dichos fenómenos naturales eran físicamente mucho más impresionantes que los que él era capaz de generar, y que, por otro lado, tales fenómenos afectaban a los elementos (el agua, el fuego, el aire, la tierra, pero también el Sol, la Luna, los animales, etc.), llegó a la conclusión de que era en ese momento cuando se asociaban a una inteligencia o a una fuerza superiores a la suya. Todo lleva a suponer que, a través de los presagios, el hombre reconoció la existencia de dioses que utilizaban este lenguaje para dirigirse a él o simplemente para expresarse. Entonces se dijo que, si quería sacar provecho o prevenirse, le interesaba comprender y hablar este lenguaje.

Así, durante , los hombres han acumulado presagios, que, ricos en enseñanzas y muy útiles para su vida práctica o, simplemente, para su supervivencia, se transmitían por medio oral, de generación en generación.

Los presagios se convirtieron no solamente en un lenguaje sagrado, mágico, sino también en una ciencia completa.

De esta ciencia han nacido todas las mancias y todas las artes adivinatorias. En cuanto al zodíaco, que apareció mucho más tarde, se creó para organizar los presagios.

EL DESTINO Y EL LIBRE ALBEDRÍO

En los siglos XIII, XII y XI a.C., en Babilonia la astrología fue objeto de un verdadero culto religioso, los astros entonces se consideraban dioses.

Ellos eran quienes gobernaban el destino humano.

Ningún individuo podía escapar a sus designios. Por eso, lo que estaba escrito no podía dejar de ocurrir.

Pero, en vez de resignarse ante la fatalidad como tendemos a hacer hoy, los sacerdotes astrólogos de Babilonia preveían el futuro para anticipar mejor las cosas y, a poder ser, evitar sus consecuencias nefastas, desastrosas o dramáticas. Además, según ellos, los hombres siempre estaban más o menos implicados, incluso eran responsables, en las irrupciones del destino determinadas por los astros-dioses.

Al saber leerlos, interpretarlos, preverlos y anticiparlos, se daban todas las oportunidades no sólo de poder sacar provecho y enseñanzas de sus propios errores y debilidades, sino también de poder ejercer su libre albedrío.

Sin plantearnos que la astrología pueda convertirse en objeto de un culto religioso, sería bueno para todos nosotros recuperar la noción de destino y de libre albedrío de nuestros antepasados. 

 

lunes, 12 de enero de 2026

¿Qué es un horóscopo?

 


La palabra horóscopo significa "indicador de hora". Es un mapa o diagrama del cielo trazado para determinar la potencialidad y características de una persona, nacida en un tiempo y lugar específicos sobre el planeta Tierra. Este diagrama se llama también carta natal, carta radical o natividad. Para trazar un horóscopo exacto es imprescindible saber exactamente la hora de nacimiento y la longitud y latitud del lugar de nacimiento. Debe tenerse en mente, desde el primer momento, que no se puede trazar un horóscopo e menos que los datos puedan verificarse en documentos oficiales. La información materna de la hora del nacimiento no es probablemente exacta, puede conducir a muchas horas de trabajo y esfuerzo perdidas y, finalmente, a dudar de la validez de la astrología, ya que el horóscopo y la persona no parecen coincidir.

Trazar una carta de nacimiento es relativamente fácil para todo aquel que pueda sumar, restar y multiplicar. Leer o interpretar el diagrama, sin embargo, exige discernimiento y habilidad para deducir lo que es probable que suceda bajo determinadas condiciones astrológicas. Los problemas de la astrología exigen una gran cantidad de tiempo, estudio, práctica y, sobre todo, constante reflexión y aplicación.

Por medio de la astrología una persona comprende mejor lo que ocurre en su vida y en la de los demás, porque podrá ver y entender cuáles son las fuerzas en acción y aprenderá como estas fuerzas se corresponden con lo que está ocurriendo. También debe recordar, sin embargo, que su libre albedrío y su actitud determinarán el mayor o menor uso que hará del talento y las posibilidades con que nació

 

 

lunes, 5 de enero de 2026

¿Qué es la astrología?

 

La astrología es la ciencia que estudia la acción de los cuerpos celestes sobre los objetos animados e inanimados y la reacción de éstos ante esas influencias. La astrología se halla ya en los documentos más antiguos del conocimiento humano. Es el origen de la astronomía, con la que durante muchos años formó una ciencia única. Ahora, la astronomía es una ciencia de distancias, magnitudes, masas, mociones, velocidades y ubicaciones, entre otras cosas, basadas en observaciones hechas con ayudas de instrumentos como el telescopio. La astronomía puede considerarse, por lo tanto, una ciencia "objetiva", mientras que la astrología debe considerarse una ciencia "subjetiva". Así, hacer un horóscopo es un proceso realmente astronómico; juzgar o describir un horóscopo es un proceso astrológico.

La astrología estudia también los ángulos entre planetas y sus efectos visibles sobre la humanidad. Los signos son un modo de dividir el espacio celeste; también lo son las casas, pero éstas se basan en el lugar de nacimiento. Los signos pueden considerarse el campo de acción; las casas son el lugar donde la acción sucede, y los planetas, el poder o fuerza motriz.

La astrología nos enseña que en el universo existe armonía y simetría, y que cada uno es parte del todo. Debería, por lo tanto, tratar de entenderse la astrología como una filosofía que ayuda a explicar la vida, no como una ciencia o arte de predecir. El propósito de la astrología no es culpar a los planetas de lo que nos sucede, sino, al contrario, aprender a conocernos por medio de la indicación planetaria. Cuando vemos claramente nuestro propio ser podemos podemos descubrir nuevas cualidades en nuestro interior, y nuestras vidas pueden llegar a ser más completas y productivas, con un fin más determinado.

En su origen, la astrología se dividía en cuatro partes:

Metereológica:la acción de los planetas sobre las mareas, el clima, la atmósfera y las estaciones.

Mundial: astrología de las naciones, de sus cielos económicos y políticos.

Natal o genetlíaca:astrología de las personas y estudio de sus diagramas de nacimiento.

Horaria:estudio de una cuestión determinada que sucede en un momento dado del espacio y del tiempo.

En el mundo occidental se practican dos clases de astrología. Una se llama astrología tropical, la otra, astrología sideral. La tropical da la posición de un planeta por medio del signo zodiacal, la sideral, por medio de la constelación. Para entender la diferencia entre una y otra, hay que comprender La diferencia que existe entre los signos y las constelaciones. Ambos llevan el mismo nombre, lo cual crea una confusión considerable para el principiante. Hace aproximadamente 4.000 años cuando el Sol se hallaba en la constelación de Aries el primer día de primavera, en el equinoccio vernal, la diferencia no existía. Los signos y las constelaciones coincidían. Ahora, a causa de la precesión, el leve bamboleo de la Tierra sobre su eje, el Sol entra en el equinoccio vernal en el signo de Aries, pero en la constelación de Piscis.

Los signos son divisiones del espacio en un círculo llamado eclíptica. La eclíptica es un camino a través del espacio celeste que todos los planetas parecen seguir. Hay 360º en un círculo, y hay doce signos, cada uno de los cuales ocupa un espacio de exactamente treinta grados. 30x12=360. Aries es el nombre que se le da al primer sector de treinta grados del espacio que empieza con el equinoccio vernal.

Así pues, los signos se calculan a partir de lo que los astrólogos llaman el punto vernal, punto en el cual el Sol llega a 0º Aries. Este punto se halla ahora ubicado en la constelación de Piscis.