lunes, 23 de febrero de 2026

Virtudes y poderes de los cristales, I

Las 12 gemas oraculares y los 7 sistemas cristalinos


Al hombre siempre le han fascinado las gemas o piedras preciosas, los cristales de roca o de cuarzo, y le han cautivado e influenciado probablemente por su capacidad de recibir y reflejar la luz del sol.


El cristal de roca no brilla. Pero al fraccionar y refractar la luz del sol toma apariencias sorprendentes, atractivas y fascinantes. Produce efectos de transparencia que dan a la luz un aspecto irreal e inmaterial. No debe sorprendernos, pues, que nuestros antepasados hayan visto en tales fenómenos cierta magia, unas fuerzas celestes que se les manifestaban, que les entregaban mensajes y presagios.

Por ello, sin duda, desde tiempos inmemoriales los emplazamientos funerarios estaban recubiertos o rodeados de piedras, de las cuales no todas eran preciosas en el sentido en que las entendemos ahora, pero tenían la particularidad de no parecer piedras vulgares. Más adelante, a veces se creía que estas piedras tenían poderes y efectos protectores y se deducía que algunas de ellas poseían virtudes terapéuticas o curativas.

LAS 12 GEMAS ORACULARES

Vamos a ver las virtudes y los poderes de los 12 cristales o piedras preciosas más conocidas.



Aquí están, tal como las presenta la Biblia, tal como los redactores del Éxodo ya las conocían, Yahvé, dirigiéndose a Moisés respecto al pectoral que Aarón deberá llevar para ejercer el sacerdocio, se lo describe con los términos siguientes: "harás un pectoral del juicio, artísticamente trabajado" (el pectoral era un trozo de tela , casi siempre bordada con hilos preciosos, que el Gran Sacerdote de los hebreos llevaba en su pecho. El faraón egipcio también llevaba uno, así como ciertas divinidades egipcias, pero estaba suspendido de una cadena que rodeaba el cuello.) "Lo guarnecerás de pedrería en cuatro filas. En la primera fila pondrás una sardónice, un topacio y una esmeralda; en la segunda: un rubí, un zafiro y un diamante; en la tercera: un ópalo, un ágata y una amatista; en la cuarta: un crisólito, un ónice y un jaspe. Todas estas piedras irán engarzadas en oro, doce en número según el número de los hijos de Israel; como se graban los sellos, así se grabará en cada una el nombre de una de las doce tribus" (Éxodo 28-15 y 17 a 21).

Enumeradas así, las 12 gemas que se correspondían con las 12 tribus de Israel, se asocian a los 12 signos del zodíaco.

No olvidemos que los primeros redactores de la Biblia vivieron durante una época en que la religión astrológica dominaba en Babilonia.

Ahora bien, los asiriobabilónicos fueron los iniciadores de la leconomancia (o adivinación a través de las piedras preciosas), que practicaban habitualmente.

Este arte adivinatoria fue retomada por los egipcios y los persas y, evidentemente, por los hebreos.

De manera que las gemas que servían de adorno para el pectoral de Aarón, el Gran Sacerdote de los hebreos, eran utilizadas para fines oraculares y adivinatorios.

LOS 7 SISTEMAS CRISTALINOS

En este caso vamos a realizar una pura extrapolación para demostrar cómo nuestros antepasados enfocaban el gran principio del zodíaco, al reunir, según un procedimiento de asociaciones, todos los componentes, formas y estructuras  de la naturaleza, tan diversas y variadas , en un todo coherente. De manera que cada una de las 12 gemas preciosas se ha puesto en correspondencia  con cada uno de los 12 signos del zodíaco. Podemos considerar que los 7 sistemas cristalinos establecidos  en cristalografía o ciencia de las leyes, que condicionan la formación, estructura, propiedades geométricas, físicas y químicas de la materia cristalizada, están en correspondencia  con los 7 astros que rigen el zodíaco, He aquí las correspondencias entre los astros y las gemas, según el principio basado en las asociaciones establecidas entre ciertos datos científicos y criterios astrológicos.

SOL

Se atribuyen a este astro el ámbar, la crisolita, el diamante, el ónice, el rubí, el topacio y el sistema cristalino llamado cúbico, que presenta una forma cúbica, como su nombre indica. Sin embargo, la piedra más representativa de este sistemas es, sin duda, la fluorita o fluoruro de calcio, muy apreciada por los romanos. Numerosos jarrones y objetos de todo tipo eran esculpidos con esta piedra. Tenía la reputación de fortalecer los pensamientos, el poder de concentración y reflexión, y aportar tranquilidad y paz al espíritu de aquél o aquella que lo llevase.

FLUORITA

LUNA

El aguamarina, el cristal, el diamante, la esmeralda, el ópalo, la perla, la piedra lunar y la selenita se atribuían tradicionalmente al satélite de la Tierra.
El sistema cristalino hexagonal es el que se corresponde con la Luna , es decir el cuarto en la lista, siendo la esmeralda una de sus más bellas representantes. La esmeralda o silicato de aluminio y de berilo siempre tuvo un carácter sagrado en la Antigüedad. Sus virtudes oftálmicas, hepáticas, antihemorrágicas y antisépticas eran célebres, así como su facultad para estimular la memoria.

ESMERALDA

MERCURIO

El ágata, la azurita, el berilo, el coral, el yeso, el jaspe, la marquesita, el ojo de gato y la sardónica son las piedras atribuidas a este astro. El berilo pertenece también al sistema cristalino hexagonal, que se asocia a Mercurio. Sin embargo, parece que Mercurio está en correspondencia  sobre todo con el séptimo sistema cristalino, llamado monoclínico o clinorrómbico, es decir, provisto de un prisma oblicuo con base romboidal, cuya más bella representante es la azurita o hidrocarburo de cobre. Tenía la fama de ejercer sanos efectos sobre los problemas de tiroides y las enfermedades de la piel.

AZURITA

VENUS

Se le atribuyen el ágata, el aguamarina, la albita, la amazonita, el berilo y también la esmeralda, el coral rosa, el lapislázuli, la perla y el zafiro claro. El sexto cristalino, triclínico, es decir, provisto de un paralelepípedo con base romboidal, puede parecérsele; por tal motivo, la amazonita o silicato doble de aluminio y potasio es una magnífica representante. No nos debe sorprender que sus virtudes sean esencialmente las de procurar esperanza y amor a aquél o aquella que lo llevase.

AMAZONITA

MARTE

Se le atribuyen el imán, la amatista, la cornalina, el granate, el rubí, la sanguinaria y el topacio. Se trata del sistema cristalino ortorrómbico -es decir, provisto de un paralelepípedo rectángulo-, el tercero de la lista, que le corresponde. Su más bello representante es el topacio, que era célebre por traer buena suerte a la persona que lo llevase, pero también por sus virtudes terapéuticas, sobre todo en lo referente a los problemas oculares.

TOPACIO AZUL

JÚPITER

La amatista, una vez más el berilo y la esmeralda, el zafiro oscuro y la turquesa son las piedras que se le atribuyen. Es el quinto sistema cristalino, llamado sistema romboédrico, es decir, provisto de un paralelepípedo cuyas 6 caras son romboides iguales, cuyo representante ideal es la rodocrosita o carbonato de magnesio. De ésta se decía que tenía una acción curativa para los problemas hepáticos, las úlceras, el asma y la congestión.

RODOCROSITA

SATURNO

Se le atribuyen el coral negro, la cornalina, el azabache, el ónice y la perla negra. Parece que le corresponde el segundo sistema cristalino, llamado tetragonal, es decir, provisto de un prisma recto con base cuadrada. En efecto, la piedra más representativa de este sistema es la wulfenita, que no es otra cosa que molibdato de plomo y que se asocia con este astro. Al haber sido descubierta hace poco, no se le conocen ni virtudes ni poderes específicos.

WULFENITA


lunes, 16 de febrero de 2026

Astrología y conocimiento de uno mismo. Una revolución de las conciencias

 

Estudiar la propia carta astral para partir hacia el descubrimiento de uno mismo supone remitirse a las fuentes, las causas y los orígenes de lo que somos y de lo que nos ocurre.

 

Hemos tenido la ocasión de poder remitirnos a las fuentes de la astrología y destacar los fundamentos, principios y reglas que inspiraron a nuestros antepasados. En efecto, es indispensable comprender con qué finalidad, para quién, por qué y cómo fue creada esta ciencia de los presagios y los Números, tan elaborada y que emplea el lenguaje de los mitos y los símbolos.

Hemos descubierto que, originariamente, la astrología era una ciencia basada en la coincidencias entre las manifestaciones simultáneas de fenómenos celestes y terrestres. Por eso, uno de los primeros pasos de los astrólogos consistió en observar el cielo, las estrellas y los meteoritos, para establecer previsiones meteorológicas. La meteorología fue, pues, una de las primeras preocupaciones de los astrónomos y astrólogos de antaño.

Esto se entiende cuando vemos que, históricamente, las atentas y especulativas observaciones del cielo corresponden a aquel período de transición, de una importancia capital para la evolución de las sociedades humanas, en que las tribus que vagaban de región en región por el planeta pasaron de la vida nómada a la vida sedentaria, gracias a los grandes descubrimientos de la agricultura y la irrigación.

DE LA ASTROLOGÍA COLECTIVA A LA ASTROLOGÍA INDIVIDUAL

Se puede, pues, afirmar que la primera función de la astronomía-astrología de la Antigüedad era prever el tiempo que haría el día siguiente, exactamente igual que nos esforzamos en hacerlo en la actualidad mediante instrumentos tecnológicos muy sofisticados, para prevenir los daños que podrían causar las inclemencias del tiempo o los riesgos de tener un accidente que corren los aviones de larga distancia, por ejemplo, que surcan el cielo de la Tierra, noche y día, en todas direcciones. Por lo tanto, hablamos de previsiones meteorológicas, que son también, evidentemente, muy útiles para los agricultores.

Sin embargo, a lo largo de los siglos, parece que el hombre partió de una consideración colectiva y objetiva para llegar a una interpretación individual y subjetiva del mundo y de la vida. Esto sólo se puede entender si se admite que se ha producido, en primer lugar, una lenta evolución y una mayor madurez de la conciencia y, luego, de las mentalidades colectivas de las comunidades. Ahora bien, esta evolución y madurez, no han tocado techo, ni mucho menos. Éstas hacen que vivamos todavía con las ansias de la angustia y nos sumergen, por desgracia con regularidad, en las crisis de histeria colectiva que son, por ejemplo, las guerras. Por ello, aunque tengamos razones de sobra para estar satisfechos de haber sabido prolongar la esperanza de vida del hombre y de la mujer, no olvidemos que el siglo XX parece haber sido el más mortífero de toda la historia de la humanidad. Sin embargo, esta constatación más bien negativa, que nos debería inquietar o mostrarnos pesimistas, nos sumerge en una nueva paradoja: estamos decepcionados, desde un punto de vista colectivo, y nos sentimos impotentes, individualmente, puesto que somos incapaces de darle la vuelta a este proceso infernal, de detener las injusticias y las matanzas que se siguen perpetrando en todo el mundo. Pero, al mismo tiempo, no podemos dejar de reconocer que, en general, todos los individuos que tienen la suerte de vivir en los países denominados industrializados -lo que, en otros términos, significa privilegiados- disfrutan de un marco y un nivel de vida más bien agradables y confortables, tienen resueltas sus necesidades básicas y cuentan. pues, con todo el tiempo del mundo, si así lo desean, para preocuparse de sí mismos, tomarse el tiempo de vagar, reflexionar y partir hacia su propio descubrimiento.

 


UN DESCUBRIMIENTO IMPORTANTE: PARTIR HACIA EL DESCUBRIMIENTO DE UNO MISMO

Ahora bien, la astrología, poco a poco, también ha ido dando este giro, ya desde un siglo después de la creación del zodíaco de los 12 signos, a principios del siglo V antes de nuestra era aproximadamente. Los astrólogos de entonces se dieron cuenta de que un momento de la vida colectiva podía ser también un momento único, inscrito para siempre en el alma y en el espíritu de una persona.

Esta correlación observada entre los movimientos del cielo, los fenómenos terrestres y los acontecimientos, que marca la vida activa, social y colectiva de los hombres, también podía emplearse para entender los mecanismos y engranajes sutiles de una persona. Así es cómo nació la astrología individual, cuyo objeto se convirtió, posteriormente, no tanto en prever los probables acontecimientos futuros que afectaban a la comunidad, sino en perpetrar los misterios del alma humana. Si reflexionamos bien sobre ello, esto significó un gran descubrimiento. Y todavía no hemos acabado de valorar toda su riqueza, ni todas las ventajas que pone a nuestra disposición.

En efecto, si al estudiar su propia carta astral, cada uno de nosotros está en condiciones de leer en sí mismo, ello significa por una parte que todos los elementos y factores que concurren a la formación y a la expresión original y única de nuestro ser están inscritos en nosotros, y, por otra, que tenemos la posibilidad de reflexionar sobre nosotros mismos, de actuar, de intervenir y, por lo tanto, de modificar y transformar nuestros comportamientos y actitudes. Dicho de otro modo, si es cierto que somos los artífices de la evolución de nuestro ser, lo somos con mayor motivo desde el momento en que vivimos y actuamos con conocimiento de causa y sin autoengañarnos. Se trata de una verdadera revolución en las conciencias que, en los siglos venideros, tendrá importantes y profundas repercusiones sobre nuestras mentalidades y costumbres.

Esta revolución de las conciencias está en marcha. Ya ha empezado.

Basta consultar la historia de la humanidad de estos últimos veinte siglos para convencerse de ello; puesto que queda claro que siempre son los individuos, a veces aislados, normalmente desterrados de su comunidad, los que finalmente hicieron evolucionar la vida colectiva, pero un caso de personaje opuesto resulta casi inexistente.

Ahora bien, estos individuos que han encendido la chispa necesaria para dar un salto hacia delante, por elección o por obligación, casi siempre tuvieron la ocasión de aprender a conocerse mejor; puesto que cuanto más nos conocemos a nosotros mismos, más comprendemos a los demás. 

 

lunes, 9 de febrero de 2026

La astrología kármica: Los planetas retrógrados

 

En una carta astral, los planetas retrógrados permiten comprender qué elementos de la personalidad pueden ayudar a un ser a vivir mejor el presente.

 

Cada uno de los 10 astros presentes en la carta astral representa alguno de los elementos esenciales de la personalidad. Respecto a este tema, insistimos una vez más en el hecho de que el mapa del cielo es una representación gráfica y simbólica de lo que hoy llamamos la psicología profunda de un ser.

LAS INFLUENCIAS

Un individuo es tal como es, se comporta de cierta manera y actúa y reacciona según sus propias características. A tal idiosincrasia se debe que en su carta astral se inscriban claramente unos astros emplazados en determinados signos y determinadas Casas, que nos permitirán hallar en su mapa del cielo sutiles mecanismos, complejos engranajes y elementos esenciales de su personalidad, y no a la inversa.

Puede parecer extraño insistir sobre este punto. Sin embargo, al estar atenazados entre quienes practican una astrología de bazar o de fin de semana, los medios de comunicación, que se aprovechan de la popularidad que tiene la astrología -y que no vacilan en llamar a ignorantes sin ningún conocimiento astrológico para redactar los horóscopos-, y los que han usurpado una astrología tratada desde el punto de vista del racionalismo científico, caemos en la tentación de decir que, si algunos quieren hacernos creer que los astros nos influyen, sería más correcto y sensato preguntarnos razonablemente qué influencias padecemos verdaderamente, o más exactamente, bajo qué influencias vivimos.

Nuestra opinión es que no existe otra influencia más que la que ejercemos sobre nosotros mismos.

Se resume en un punto de vista común, no sin interés, que consiste en admitir que queremos ver y creer sólo lo que aceptamos ver y creer. Dicho de otra manera, se puede considerar que en un ser hay cierta autodeterminación de ser como es.

No obstante, observarás que dicha teoría es totalmente aceptable cuando, a fin de cuentas, uno se siente "normal". Escribimos "normal" entre comillas porque nos abstenemos de definir la normalidad.

Sin embargo, debemos admitir que todos tenemos, inconscientemente, una noción común de ella. Por suerte, la inteligencia nos permite relativizar y matizar este sentido común.

Aunque este "normal" implique sentirse mal, ¿no es tranquilizador, reconfortante y "desculpabilizador" descubrir que ese mal que uno lleva dentro, o ese sufrimiento, estaba ya inscrito? En cambio, a partir del momento en que se sale de esta "normalidad", esta teoría de las influencias se convierte totalmente en inaceptable.

¿Cómo podríamos creer y pensar que el destino de un ser que nace víctima de una enfermedad genética grave, o en unas condiciones económicas desastrosas  que arruinarán su salud, su vida y todas sus esperanzas de convertirse en un individuo de pleno derecho, es consecuencia de su autodeterminación? ¿Cómo un ser puede haber elegido nacer enfermo o tullido cuando tuvo la posibilidad de vivir sano y con plenas facultades?

Esta teoría a la que se refieren todos los que creen sin matices en el karma y la predestinación, no resulta muy generosa.

Entonces, hay que enfocar las cosas desde otro punto de vista.

DEL FUTURO AL PRESENTE

Quien se preocupe por su futuro, que haga como si no lo tuviera realmente, dice un proverbio chino. En otras palabras, el futuro no existe. Está por hacer y por inventar. Pero, sobre todo, cuanto más se vive el presente, tanto más se aprende a estar presente consigo mismo y tanto menos tendrá uno razones para preocuparse del futuro. Ésta es la gran lección revelada en nuestra carta astral por los astros retrógrados, que son planetas que dan la impresión de dar marcha atrás en el zodíaco durante ciertos períodos del año. En un mundo en el que todo nos empuja a hablar del futuro, a trabajar para el futuro, puede parecer paradójico o chocante afirmar que el futuro no existe. Sin embargo es así. Si pensamos tanto en el futuro es porque tenemos miedo y vivimos en la esperanza. Ambos sentimientos nos sacan fuera de nosotros mismos, nos alejan de nuestras verdaderas preocupaciones, nos impiden vivir plena y simplemente el momento presente.

Ahora bien, el futuro es siempre consecuencia del presente y sólo podemos vivir el presente en función de las cualidades que poseemos, sin juicios de valor.

De manera que los elementos que componen nuestra personalidad revelados por los astros retrógrados llaman al orden respecto a este tema. Al encontrarse ellos mismos paralizados en el cielo o retrógrados, en ciertos momentos -al menos es la impresión que nos dan, por supuesto-, nos frenan en nuestra huida desesperada hacia delante.

"Retrogradar" es un verbo que no gusta utilizar mucho, pues implica una regresión, un retroceso y una pérdida. Todo eso no resulta precisamente gratificante, entusiasmador ni enérgico. Pero, como no podemos evitar que tener sentimientos contradictorios y emociones más o menos fuertes, que nos hacen movernos y nos remueven interiormente, es positivo que haya en nosotros principios que nos obliguen a calmarnos, a frenarnos un poco, para que tomemos conciencia de nuestro ritmo y vivamos el presente, aquí y ahora. 

 


 LOS ASTROS RETRÓGADOS Y SUS SIGNIFICADOS

Observaremos que las luminarias, es decir el Sol y la Luna nunca son retrógrados. En otras palabras, todo lo que sale de la voluntad instintiva, pura, espontánea y del poder creador del ser y su sensibilidad, no puede frenarse, retrasarse ni cambiarse en ningún caso, ni de ninguna manera.

Asimismo, lo que podríamos definir como el yo profundo (el Sol) y el yo sensible (la Luna), es decir, el potencial masculino y femenino que posee un ser, sea hombre o mujer, permanece igual a sí mismo, tal como está inscrito en la carta astral en su nacimiento y tal como está inscrito en el ser en cuestión, evidentemente.

En cambio, Mercurio casi siempre es retrógrado. Cuando efectivamente lo es, la inteligencia se frena, se paraliza y se fija en el presente. El espíritu es más primario, más realista y más pragmático. El individuo en cuestión casi siempre está obligado a realizar mayores esfuerzos que los demás para concentrarse o reflexionar. No puede por menos que apreciar las cualidades de una mente bien ejercida.

Venus retrógrado refrena oportunamente las emociones casi siempre demasiado vivas y exacerbadas, que condicionan u ofuscan al individuo. El individuo en cuestión puede aprender perfectamente a dominarlas.

Marte retrógrado indica un poder de acción esencial y tan coherente que no se utiliza jamás en vano, ya que los recursos energéticos del individuo en cuestión casi siempre están restringidos o limitados. Debe tomar precauciones antes de actuar, sólo hacerlo cuando es absolutamente necesario.

Júpiter retrógrado retiene casi siempre el yo expansivo, que podría tender a la inflación, a la autosatisfacción y dilatarse de forma excesiva y complaciente hasta ahogar o aniquilar los otros elementos de la personalidad.

Saturno retrógrado revela un individuo justamente lúcido y razonable. Nada se escapa, ni de él ni de su alrededor.

Urano retrógrado inhibe la capacidad de decisión para que el individuo pueda acceder a una forma de independencia de espíritu o camino destacable.

Neptuno retrógrado es lo propio de un ser que encuentra únicamente en sí mismo todos los recursos que necesita para transformarse de forma profunda.

Plutón retrógrado indica un ser que es capaz de regenerarse, apartándose totalmente del mundo y de los demás.

 

 

lunes, 2 de febrero de 2026

La astrología kármica. El Nodo lunar norte y la realización de uno mismo

 

¿Hay una vida anterior? ¿Tendremos otra vida? Podemos pasarnos toda una eternidad preguntándonos esto, pero ¿no es más importante pensar en realizarse uno mismo, aquí y ahora?

 

Nos encontremos o no en la era de Acuario, lo que sí es cierto es que estamos en la de la comunicación.

A partir de ahora, gracias a los innumerables satélites que giran sobre nuestras cabezas, podremos localizar a cualquier persona, casi desde cualquier lugar del planeta. Simultáneamente, las autopistas de la información y la red de comunicaciones unen todos los ordenadores del planeta, por poco que uno quiera conectarse.

Sin embargo, podemos objetar que, no porque dispongamos de los medios tecnológicos para comunicarnos, tendremos más cosas que decirnos. Así, en medio del vértigo del progreso, seguimos preguntándonos las mismas cosas: ¿De dónde venimos? ¿Quienes somos? ¿Hacia dónde vamos?

Al establecer un diálogo a través de una pantalla o de un teléfono. el hombre moderno vive cada vez más virtualmente, de modo que corta con la realidad, cercena el contacto físico con el mundo y, ante todo, con su entorno natural.

A partir de ahí, se permite todos los fantasmas y, si no vigila, se convertirá totalmente en su propia víctima, prisionero de un mundo abstracto que habrá forjado por completo y que, el día en que no tenga ninguna razón de ser, le dejará totalmente desarmado. Sin duda alguna, todavía no hemos llegado a ese punto.

Ello no impide que pensemos que este frenesí del ser humano por querer comunicar y transmitir nos revela un profundo desarraigo, un desencanto, un miedo a la realidad material, una inadaptación a la vida, que compensa creando un nuevo sueño tecnológico: la realidad virtual.

LA LEYENDA DE NUESTRA VIDA

Esta realidad virtual la creamos igualmente imaginándonos que vamos a poder descubrir nuestras vida anteriores. En efecto, si sentimos un malestar en nuestra vida, y las explicaciones de los psicoanalistas o de los psicólogos -que irán a buscar en nuestra infancia las causas profundas de todos nuestros traumas, nuestros comportamientos y reflejos- no nos satisfacen, si aún tenemos, a pesar de todo, sed de esperanza y de sueños, de maravillarnos y de amar -lo que al fin y al cabo es un mínimo vital-, ¿por qué no convencernos de que en otra vida hemos conocido días mejores?, ¿por qué no pensar que nuestra existencia actual es sin duda una prueba y nos espera otra más tolerable?

Así ocurre, sencillamente, porque la mujer y el hombre están hechos de manera que no pueden vivir sin la esperanza o el miedo al futuro, al devenir que querrían descubrir, desvelar, conocer y dominar.

¿Existen métodos y técnicas para hacer incursiones en nuestro pasado y, de este modo, hacernos más susceptibles de comprender mejor nuestro presente y prever nuestro futuro? Desgraciadamente, creemos que no.

En cambio, si abordamos la astrología kármica desde el punto de vista del conocimiento de uno mismo y de nuestra realización personal, si queremos aceptar el hecho de que todos estamos marcados, es decir, que cada uno de nosotros lleva marcas y signos particulares que pueden ayudar a descubrirnos, a conocernos, a comprender de dónde venimos -no geográfica e históricamente, sino espiritualmente- quienes somos -no científicamente, sino humanamente- y hacia dónde vamos -no teórica, sino realmente-, entonces podremos descubrir la información que nos llevará por el buen camino, la leyenda de nuestra vida. 

LA REALIDAD DE NUESTRA VIDA

Como toda leyenda, la de nuestra vida tiene sus puntos fuertes, pero también sus remansos de paz y sus períodos difíciles, problemáticos, que nos ponen a prueba. Pero, para entrar en esta leyenda, hay que inscribirse en la realidad de la vida, sentirse a la vez único y solidario.

Es una verdadera gimnasia del espíritu. Por ejemplo, hay que ser capaz de decirse que allí donde vivimos, respiramos, pensamos y actuamos, participamos de todo lo que vive, respira, piensa y actúa a nuestro alrededor. También hay que ser capaz de admitir que, en el instante de nuestro nacimiento, ya éramos tal como somos hoy.

De ahí que el mapa del cielo establecido en el momento del nacimiento resulte un poco como un contrato que hemos firmado con nosotros mismos. Si es así, deberemos entonces reconocer, en nuestra carta astral, las cualidades -siempre entendidas en el sentido de lo que cualifica- que sólo nos pertenecen a nosotros, las que son de alguna manera innatas y tanto podrían haberse revelado o manifestado según otros criterios, en otras condiciones, o ser la consecuencia de combinaciones de elementos diferentes. Lo que queremos decir es que todos tenemos cosas en común, que todos estamos hechos con el mismo molde. Sin embargo, cada uno de nosotros también alberga aquella pequeña cosa que le hace diferente y que implica que, precisamente -se crea lo que se crea, a pesar del poco caso que hoy día se hace de esto-, todo ser humano es irreemplazable.

 

lunes, 26 de enero de 2026

Astrología y karma

 

La astrología kármica es un buen método de investigación para ayudarnos a comprender mejor en qué consisten el destino y el libre albedrío, y cómo se inscriben en una carta astral.

De entrada, debemos ponernos en guardia frente a la asociación de astrología y karma; pues este principio basado en el estudio de la carta astral bajo el punto de vista del karma se presta a confusión y suscita especulaciones totalmente fuera de lugar. De tal forma, se nos habla de vidas anteriores; pero, la mayoría de veces, observarás que las vidas a las que se alude, que son las nuestras, siempre tienen algo de beneficioso o gratificante. Así, nos enteramos de que en una vida anterior hemos tenido una existencia feliz, brillante u holgada, y como hemos sido obligados a renacer en la Tierra para redimir nuestras faltas. En este caso, debemos subrayar que en la mentalidad de la gente, y particularmente en la de los que creen en la astrología kármica, las nociones de pecado, deuda que pagar, falta que redimir, son las que prevalecen. Sin embargo, no hay que abordarla desde este punto de vista, ya que corremos el riesgo de deslumbrarnos o dejarnos engañar.

LA ASTROLOGÍA, EL KARMA Y LA CARTA ASTRAL

El pasado tiene algo de mítico y de confortable, por el hecho mismo  de permitir que nos evadamos de nuestro presente, a veces demasiado apremiante o inquietante. Actualmente, vuelve el interés por la historia, sobre todo por los relatos y las novelas históricas. Esto tiene una explicación. En la vida cotidiana, feliz o desgraciada, de los hombres y las mujeres del pasado encontramos las raíces y los puntos de referencia -no sólo históricos, sino también morales y espirituales- que habíamos perdido y que, por desgracia, faltan en nuestras sociedades contemporáneas. Ahora bien, en una época en que nunca habíamos sido tantos los habitantes de la Tierra, en unos tiempos en que existe un verdadero problema de supervivencia para la humanidad y para la realización del individuo -el cual se siente más o menos, y a pesar de él, ahogado entre la masa de millones y millones de seres humanos que pueblan nuestro planeta-, ¿cómo podríamos encontrar soluciones, nuevos valores, nuevas referencias sin mirar hacia nuestro pasado, hacia nuestra historia, hacia la vida de estas mujeres y hombres, nuestros antepasados que, en el fondo, tenían las mismas preocupaciones que nosotros, a otra escala y en otro tiempo?

Necesitamos, pues, mirar hacia el pasado para extraer lecciones de él, experiencias humanas. De ahí a imaginar que nosotros hemos sido tal o cual personaje, identificándonos con él, sólo existe un paso, que el mal uso de la astrología kármica, mal interpretada o utilizada con fines comerciales, nos ayudará a dar.

Pero la astrología kármica no es eso. Cuando estudiamos una carta astral bajo el punto de vista de tales principios, hay que desprenderse de todas esas nociones  de pecado, faltas y errores cometidos en un ayer hipotético; no hay que creer que una alma reencarnada está aquí para pagar y redimir. Pues si lleváramos este razonamiento hasta el extremo, llegaríamos a la conclusión de que todos los seres humanos presentes hoy en día en la Tierra son culpables de algo. 

Tu carta astral nunca te va a permitir que sepas quién eras físicamente en una vida anterior, si es que hubo alguna. En cambio, si quieres comprender y saber mejor, quién y cómo eres actualmente, cuáles son tus buenos y malos reflejos en el comportamiento, cuál es tu experiencia, cuáles tus dones y tus ventajas, pero también tus carencias, defectos, debilidades, cómo puedes comportarte contigo mismo para explotar los primeros sin tener que sufrir los segundos, entonces todo lo encontrarás escrito en tu carta astral.

De esta forma, los principios de la astrología kármica, adaptados al estudio y a la interpretación de la carta astral, podrán ayudarte.

LOS DOS GRANDES PRINCIPIOS DE LA ASTROLOGÍA KÁRMICA

 

En efecto, para hacer un buen uso de la astrología kármica, hay que poner su técnica y sus elementos de investigación al servicio de la interpretación de la carta astral.

Estos dos grandes principios se basan, por un lado, en las posiciones de los Nodos lunares norte y sur en la carta astral -su situación en los signos, en las Casas y los eventuales aspectos que forman con otros astros o puntos ficticios- y, por otro lado, en las posiciones de los astros retrógrados, es decir, aquellos de los que se tiene la impresión que retroceden en el zodíaco durante ciertos períodos del año.

Por último, hay que entender el karma en el verdadero sentido de esta palabra sánscrita, que significa literalmente "acto".

Ahora bien, según los hinduistas, obviamente, el karma es la consecuencia de lo que ellos llaman Samskâra. Con este término definen el conjunto de impresiones, tendencias, gustos, expresiones y potencialidades de todo tipo, que contiene la personalidad de un ser desde el día de su nacimiento, es decir, lo que guía sus gustos, actitudes, comportamientos, pensamientos, deseos, motivaciones y actos de su vida actual y futura, conjunto que tendría ramificaciones u orígenes en eventuales vidas anteriores o encarnaciones del pasado. Hablamos de modo potencial, pues se trata de creencias específicas, inherentes a la religión hinduista, la cual implica, evidentemente, una filosofía de vida particular y un punto de vista de la carta astral totalmente orientado.

De tal manera, los astrólogos occidentales que han tomado este campo de investigación de la astrología india a veces creen positivo interpretar el karma como un valor absoluto en la carta astral. Sin embargo, para evitar toda confusión y especulación errónea a partir de este campo de investigación, es más sensato revelar y retener como complementarias las informaciones que pueda aportarnos al estudiar e interpretar una carta. 

De la astrología kármica, por tanto, nos conformamos con conservar los elementos que revelan lo que contiene el Samskâra, los cuales resumiremos en un concepto: éstos integran el conjunto de cualidades -en el sentido de lo que "califica"- buenas y malas de un ser, las cuales son la causa de los reflejos del comportamiento; o, en otras palabras, hace referencia a las ventajas y defectos personales de un ser, los cuales dependen tanto de él y de sus actos, como de los demás y de las circunstancias. Se trata, pues, de las bases de la personalidad de un individuo -que sólo le pertenecen, revelan y dependen de él-, de la materia prima sobre la que es posible trabajar para mejorar y enriquecer y, al hacerlo, evolucionar y realizarse.

A menudo se manifiesta a través de una ambivalencia fundamental, sobre la cual reposa la estructura de la personalidad. Ésta le permite afirmar la diferencia, la originalidad y la singularidad en la expresión de su destino y de su libre albedrío, legibles en su carta astral. Tal es la riqueza de informaciones que podemos obtener si utilizamos los principios de la astrología kármica.