miércoles, 17 de abril de 2019

Virtudes y poderes de los cristales, III

EL CARBUNCLO


CARBUNCLO

Es un nombre que, ocasionalmente, se le da al rubí, ya que el brillo de esta piedra a menudo ha sido comparado con los destellos del carbón ardiente.En efecto, "carbunclo", o carbunculus en latín, significa pequeño carbón. En cuanto al nombre rubí, viene del latín rubeus, que significa "pelirrojo· o "rojizo".

Según una leyenda de origen indio, el corindón rojo, otro de los nombres del rubí, nació de la sangre de una maharani, es decir, la esposa de un maharajá, cobardemente apuñalada por un cortesano malévolo o una rival celosa.

Para los hindúes, Kshapanaka, el rubí, es asimismo uno de los nueve poetas de la corte del célebre rey antiguo, Vikramâditya, llamados las "nueve joyas". Es cierto que, durante la Antigüedad, esta piedra preciosa era muy apreciada por su brillo rojo y su belleza.

Así pues, los griegos hicieron de ella un atributo de Ares (Marte), el astro-dios de la guerra, precisamente por su color similar a la sangre y al fuego y, consecuentemente, relacionado con la vitalidad, la energía y la vida. Sin embargo, a pesar de su relación con Marte, al rubí se le atribuían virtudes más protectoras y benéficas que energéticas. Así como se creía que esta gema de fuego estimulaba o excitaba todavía más los temperamentos ardientes y apasionados, también se creía que tenía el poder de eliminar la melancolía, de suavizar las costumbres y los espíritus exaltados, de reforzar la pureza y la fidelidad de sentimientos, de volver a la persona enamorada y leal, de aportar un poco de sensatez y reflexión a aquél que carecía de ellas y, por último, de favorecer la felicidad y la prosperidad.

Este magnífico corindón se utilizaba como ornamento para las coronas y las joyas reales o los ornamentos dedicados a los santos. En cuanto al carbunclo en sí, aparece a menudo en los cuentos de hadas o cuentos de la abuela. En este caso está en el centro de un misterio y simboliza en sí mismo un tesoro inestimable que el héroe o la heroína encontrará después de un recorrido repleto de obstáculos.

Sus poderes y virtudes terapéuticas
Supuestamente, el rubí, hacía maravillas para calmar las fiebres, alejar los recalentamientos y las infecciones de la sangre, y especialmente, aliviar los dolores de muelas y de cabeza. "Cuando una persona sufre dolor de cabeza, debe colocar un rubí encima de su cabeza, durante algunos segundos, justo el tiempo que necesita para calentarse. A continuación, debe sacarlo porque su fuerza es tan intensa que penetra más rápidamente que cualquier crema. De manera que los dolores de cabeza desaparecerán. [...]. Cuando se utiliza correctamente el rubí puede eliminar todas las enfermedades infecciosas." (Extracto de las obras de santa Hildegarda de Eibingen.)

EL ZAFIRO

ZAFIRO

Ya la etimología del nombre de este otro corindón es de una gran riqueza simbólica. En efecto, viene a la vez del árabe, safir, y del griego, sapheiros, que estaría relacionado con el hebreo Sepher, el libro, Ophereth, que designaba a la vez el plomo y Saturno, y sappîr, la piedra azul, también en hebreo. Ahora bien, en la Biblia (Ezequiel 1,26) leemos que: "Por encima de la plataforma que estaba sobre su cabeza, tenía el aspecto de una especie de piedra de zafiro, una forma de trono como una apariencia de hombre, encima, hacia arriba". En este caso se trata de una alusión al hecho de que el trono de Dios podría estar compuesto de zafiros, tal como cuenta una leyenda judía según la cual las Tablas de la Ley, escritas por la mano de Yahvé y entregadas a Moisés, estarían hechas de piedras de zafiro. Por último, siempre según las leyendas judías,pero también las musulmanas, el famoso sello de Salomón era de zafiro.

Pero esta piedra preciosa no fue exclusivamente glorificada por los hebreos. Los persas también la honraban. Le atribuían poderes de inmortalidad y de eterna juventud.

Más cercanos a nuestro tiempo, por decirlo de alguna manera, a principios del siglo XIII, el papa Inocencio III, que por desgracia se hizo célebre por las cruzadas contra los albigense, decretó que los obispos deberían llevar desde aquel momento un zafiro en el dedo para protegerse de las malas influencias. Casi cuatro siglos más tarde, el papa Gregorio XV, que fue el precursor del decreto que regularía las formas y las reglas para elegir al sumo pontífice, hizo del zafiro la piedra oficial de los cardenales.

Sus poderes y virtudes terapéuticas
Aparte de que esta gema favoreciese la nobleza de corazón y de espíritu, las buenas costumbres, las cualidades morales y de que pudiese hacer feliz y valiente al que la llevase, tenía la reputación de alejar los malos espíritus y sortilegios, frecuentes y numerosos en la Edad Media. Pero no solo es esto, puesto que desde la Antigüedad, era la piedra-remedio milagrosa, que parecía curarlo casi todo. "Cuando una persona está excitada por la cólera, debe ponerse un zafiro en la boca y la cólera desaparecerá. [...] Cuando una persona desea mejorar su comprensión y su inteligencia, debe ponerse todas las mañanas, y en ayunas, un zafiro en la boca. [...] Cuando una persona tiene problemas visuales, debe coger un zafiro con la mano para calentarla. Luego debe tocar los ojos con esta piedra durante tres mañanas y tres noches. Así sus ojos se curarán. [...] Si alguien está impedido por culpa del reúma hasta el punto de no poder soportar el dolor, que ponga un zafiro en su boca y sus dolores cesarán." (Extractos de las obras de santa Hildegarda de Eibingen.)

EL DIAMANTE

DIAMANTE

¿Por qué el diamante siempre ha sido tan apreciado por la gente? Porque es escaso, misterioso, se esconde en lo más profundo de la tierra -hasta más de 150 km-,  está sometido a presiones y a temperaturas extremas que hacen que tenga una pureza inigualable, pero también porque posee una resistencia sorprendente. Así pues, es como se convirtió en símbolo de la pureza y de la perfección.

De ahí que todo lo que tiene que ver con la fe, la inocencia, la luz divina y las virtudes más nobles del espíritu y del corazón, siempre ha estado unido a esta piedra, la más bella de todas.

Tan lejos como queramos remontarnos, el diamante ha sido portador de virtudes benéficas y salvadoras. Proporciona la fuerza, la armonía, el amor, la rectitud, la lealtad, la fidelidad, la serenidad, la sensatez, la felicidad las riquezas, la firmeza y el poder absoluto.

Sus poderes y virtudes terapéuticas
Por supuesto, sus cualidades protectoras fueron también principales.

Aquélla o aquél que llevase un diamante se suponía que era casi invulnerable. Todo lo que que pudiera haber de maléfico o perjudicial en la naturaleza humana o en los fenómenos de la naturaleza, ya no le podría alcanzar. En cuanto a los efectos terapéuticos que se podían esperar de él, tampoco tenían límites. Al igual que el zafiro, y aun más que él, el diamante era una auténtica piedra milagrosa. Se creía que podía curar todos los dolores del cuerpo y del espíritu, y además proteger de las epidemias como por ejemplo la peste. El diamante, utilizado correctamente, podía incluso volver fecunda a una mujer estéril. Por último, también tenía la virtud de corregir las malas tendencias de los seres. "Cuando una persona es fanática, mentirosa e irascible, debe ponerse un diamante en la boca. El poder del diamante puede evitar tales defectos. [...] Existen personas malas y taciturnas. Desde el momento en que empiezan a hablar, tienen una mirada oscura y se enfadan en seguida, pero rápidamente entran en razón. Estas personas deberían ponerse también un diamante en la boca. El efecto de dicha piedra es tan fuerte que es capaz de ahogar la maldad que duerme en una persona." (Extractos de las obras de santa Hildegarda de Eibingen.)




martes, 2 de abril de 2019

Virtudes y poderes de los cristales, II

La sardónice, el topacio y la esmeralda

A continuación descubrirás las virtudes y los poderes mágicos y terapéuticos que nuestros antepasados atribuían a las 12 piedras preciosas citadas en la Biblia por los redactores del Éxodo.

LA SARDÓNICE
Éste es el nombre que se daba a esa piedra en la Antigüedad para designar lo que hoy se conoce comúnmente con los términos de calcedonia o cornalina.

"Sardónice" deriva del griego sardonux, que a su vez está formado por sardion, que designaba la piedra de Sardes, y por onux, que significaba uña. Sandonux, o la sardónice, es efectivamente una piedra, cuya forma nos recuerda la de una uña. Sardes era la capital de Lidia, situada en Asia Menor, en la confluencia de los ríos Pactolos y Hermos. Esta ciudad era famosa por su prosperidad, ya que el río Pactolos iba cargado de pepitas de oro, y se la llegó a llamar la segunda Roma. Por tal razón el término pactole ha entrado en algunos idiomas, como el francés, para designar una importante suma de dinero.

Actualmente, la palabra "sardónice" ya no se utiliza, y la calcedonia y la cornalina -que no deja de ser una especie de calcedonia- se han introducido en el lenguaje habitual de los minerólogos.

CALCEDONIA

El nombre de calcedonia procede de la antigua ciudad de Khalkedon, o Calcedonia, lugar de Bitinia de origen tracio, situado en el Bósforo. Actualmente se llama Kadi Coci. Debemos saber que el ágata, el jaspe, el ónice, el heliotropo y el sílex, entre otras, son variedades del cuarzo microcristalino. Sin embargo, esta piedra, que se puede considerar la más representativa de la especie, tiene un bello aspecto translúcido, azul y gris. Se le atribuía el poder de estimular, fortalecer y hacer más resistente al que la llevaba. Se creía también que protegía de la tormenta, que tenía efectos terapéuticos y curativos contra la depresión, aniquilaba los pensamientos oscuros, el mal humor, las pesadillas, que ahuyentaba a los fantasmas o a los espíritus tristes y preservaba de las mordeduras de serpientes o picaduras de insectos.

CORNALINA

En cuanto a la cornalina, cuyo nombre le viene de su transparencia córnea, es una calcedonia de color rojo carne.

A causa de este color, por aliteración, se la ha llamado a veces "carneliana", haciendo alusión al término carne.

Así pues, el mineral fue asociado a la pasión, a la sensualidad, a la posesión. a la carne y a la sangre, pero también al corazón sagrado y al amor absoluto.

Sus poderes y virtudes terapéuticas
Era la piedra mágica de la diosa Isis, de la cual se creía que tenía el poder de traer el amor a las mujeres, de volverlas fecundas y curarles todos los problemas relativos a la sangre: menstruaciones, heridas sangrantes, hemorragias nasales, calentamiento de la sangre, que son la cólera y las pasiones.

"La cornalina nace más bien del aire caliente que del aire frío y se encuentra en la arena. Cuando a una persona le sangra la nariz, debe calentar vino y poner dentro una cornalina. Esta persona debe beber este líquido; las hemorragias nasales se pararán en seguida", escribió, a orillas del Rhin, la abadesa benedictina santa Hildegard von Bingen (Hildegarda de Eibingen), en el siglo XII.


EL TOPACIO

Según una leyenda contada por Plinio el Viejo en su Historia natural, del siglo I de nuestra era, el nombre griego del topacio, topazus, topazion o topazon, derivaría de una palabra tomada de un dialecto africano, el de los trogloditas, antiguo pueblo del que no conocemos casi nada. Esta voz designaba una isla en el mar Rojo, llamada actualmente isla de San Juan y situada frente a las costas egipcias, lugar donde se debió encontrar la piedra por primera vez. Si nos atenemos a la leyenda, esta isla estaba infestada de serpientes, guardadoras de estas piedras. Los fuegos de dichas piedras iluminaban la noche, dando a la isla, que casi siempre estaba cubierta por una espesa niebla, una claridad sobrenatural. A veces amarillo dorado, azul pálido o verde, el topacio es en realidad casi siempre incoloro. Sin embargo, esta famosa claridad que desafiaba a la noche y a las fuerzas de las tinieblas lo ha convertido en una piedra simbólica de la fe, la honestidad, la pureza, la rectitud y la lealtad.

Sus poderes y virtudes terapéuticas
También se suponía que aportaba riqueza, prosperidad, reconocimiento de los propios méritos, honor o gloria al que la llevaba.

Se creía igualmente que protegía contra la venganza o los espíritus maléficos. Sus virtudes terapéuticas eran muchas. Decían que hacía maravillas en todas las afecciones gripales, procedentes de virus, hepáticas y sanguíneas, pero también y sobre todo, en las enfermedades oculares.

"Cuando alguien note que sus ojos se ensombrecen, debe dejar una piedra de topacio en vino durante tres días y tres noches. Por la noche, antes de acostarse, debe tocar sus ojos con dicho topacio rutilante para que penetre todo el líquido. La persona puede utilizar también este vino durante los cinco días siguientes de haber lavado la piedra. Cuando por la noche quiera tocar sus ojos con el vino, debe devolver la piedra al líquido. Debe realizar una nueva preparación con el vino y la piedra. Éste es el mejor remedio para los ojos. Después de esta curación, volverá a tener claridad", escribió santa Hildegard von Bingen.


LA ESMERALDA

El término griego smaragdos, de donde proviene el latino smaragus, y que ha dado "esmeralda", tiene su origen en la palabra sánscrita samaraka, probablemente emparentada con la que da nombre a la mítica ciudad de Samarkanda, en el Uzbekistán. En todo caso, se trata de una voz de origen semítico que significaba "brillante". En el siglo XIX, Víctor Hugo bautizó con el nombre de Esmeralda a la heroína de su novela Nuestra Señora de París. Esta piedra preciosa, casi siempre de un bello color verde, fue muy estimada por su belleza durante toda la Antigüedad. Era el atributo de la Deméter griega que los romanos llamaron Ceres, nombre cuya raíz etimológica significa "crecer". Ambas eran diosas de la vegetación, la fertilidad y la abundancia. siendo Deméter, por supuesto, la gran diosa maternal de la Tierra.

Sus poderes y virtudes terapéuticas
La esmeralda fue también conocida como la piedra que concedía el conocimiento de los misterios, que favorecía la sabiduría y que otorgaba la iluminación al que la llevaba. De ahí que se le atribuyeran los poderes de proteger contra todos los sortilegios, los maleficios y demonios; por lo cual, como es de suponer, resultaría bastante útil durante la Antigüedad y la Edad Media. Por otro lado, el gran sacerdote de los hebreos, Aarón, utilizaba las esmeraldas con fines adivinatorios. Llevaba el ourîm y el toummîn en su pecho y los utilizaba como dados para interrogar al oráculo. La esmeralda también poseía muchas otras virtudes benéficas para nuestros antepasados, y se creía realmente que podía aportar todos los placeres, toda la alegría y felicidad de la existencia. Como podemos imaginar, sus virtudes terapéuticas y curativas eran también muy numerosas. Prácticamente, desempeñaba la función de remedio y de piedra milagrosa.

En su Lapidario (o libro de las piedras) del siglo XIII, el rey de Castilla Alfonso X el Sabio anotó que el hombre que llevara consigo una esmeralda "no tiene ganas ningunas de unirse con mujeres y, aunque lo intente, no puede acabar ninguna cosa mientras la piedra tuviere consigo, por eso los sabios antiguos dábanla a los religiosos, a los ermitaños y a aquellos que prometían de tener castidad. Y algunos de los gentiles que tenían porley de no yacer con sus mujeres sino en tiempos señalados, por deseo de empreñarlas más pronto y hacerlos hijos más recios y más fuertes, traíanlas siempre consigo en todo otro tiempo, menos cuando querían engendrar. Y si dieren de esta piedra molida a beber a algún hombre, peso de tres dracmas, nunca jamás tendrá poder de yacer con mujeres".


martes, 26 de marzo de 2019

Virtudes y poderes de los cristales, I

Las 12 gemas oraculares y los 7 sistemas cristalinos

Al hombre siempre le han fascinado las gemas o piedras preciosas, los cristales de roca o de cuarzo, y le han cautivado e influenciado probablemente por su capacidad de recibir y reflejar la luz del sol.

El cristal de roca no brilla. Pero al fraccionar y refractar la luz del sol toma apariencias sorprendentes, atractivas y fascinantes. Produce efectos de transparencia que dan a la luz un aspecto irreal e inmaterial. No debe sorprendernos, pues, que nuestros antepasados hayan visto en tales fenómenos cierta magia, unas fuerzas celestes que se les manifestaban, que les entregaban mensajes y presagios.

Por ello, sin duda, desde tiempos inmemoriales los emplazamientos funerarios estaban recubiertos o rodeados de piedras, de las cuales no todas eran preciosas en el sentido en que las entendemos ahora, pero tenían la particularidad de no parecer piedras vulgares. Más adelante, a veces se creía que estas piedras tenían poderes y efectos protectores y se deducía que algunas de ellas poseían virtudes terapéuticas o curativas.

LAS 12 GEMAS ORACULARES
Vamos a ver las virtudes y los poderes de los 12 cristales o piedras preciosas más conocidas.



Aquí están, tal como las presenta la Biblia, tal como los redactores del Éxodo ya las conocían, Yahvé, dirigiéndose a Moisés respecto al pectoral que Aarón deberá llevar para ejercer el sacerdocio, se lo describe con los términos siguientes: "harás un pectoral del juicio, artísticamente trabajado" (el pectoral era un trozo de tela , casi siempre bordada con hilos preciosos, que el Gran Sacerdote de los hebreos llevaba en su pecho. El faraón egipcio también llevaba uno, así como ciertas divinidades egipcias, pero estaba suspendido de una cadena que rodeaba el cuello.) "Lo guarnecerás de pedrería en cuatro filas. En la primera fila pondrás una sardónice, un topacio y una esmeralda; en la segunda: un rubí, un zafiro y un diamante; en la tercera: un ópalo, un ágata y una amatista; en la cuarta: un crisólito, un ónice y un jaspe. Todas estas piedras irán engarzadas en oro, doce en número según el número de los hijos de Israel; como se graban los sellos, así se grabará en cada una el nombre de una de las doce tribus" (Éxodo 28-15 y 17 a 21).

Enumeradas así, las 12 gemas que se correspondían con las 12 tribus de Israel, se asocian a los 12 signos del zodíaco.

No olvidemos que los primeros redactores de la Biblia vivieron durante una época en que la religión astrológica dominaba en Babilonia.

Ahora bien, los asiriobabilónicos fueron los iniciadores de la leconomancia (o adivinación a través de las piedras preciosas), que practicaban habitualmente.

Este arte adivinatoria fue retomada por los egipcios y los persas y, evidentemente, por los hebreos.

De manera que las gemas que servían de adorno para el pectoral de Aarón, el Gran Sacerdote de los hebreos, eran utilizadas para fines oracularesy adivinatorios.


LOS 7 SISTEMAS CRISTALINOS
En este caso vamos a realizar una pura extrapolación para demostrar cómo nuestros antepasados enfocaban el gran principio del zodíaco, al reunir, según un procedimiento de asociaciones, todos los componentes, formas y estructuras  de la naturaleza, tan diversas y variadas , en un todo coherente. De manera que cada una de las 12 gemas preciosas se ha puesto en correspondencia  con cada uno de los 12 signos del zodíaco. Podemos considerar que los 7 sistemas cristalinos establecidos  en cristalografía o ciencia de las leyes, que condicionan la formación, estructura, propiedades geométricas, físicas y químicas de la materia cristalizada, están en correspondencia  con los 7 astros que rigen el zodíaco, He aquí las correspondencias entre los astros y las gemas, según el principio basado en las asociaciones establecidas entre ciertos datos científicos y criterios astrológicos.


SOL
Se atribuyen a este astro el ámbar, la crisolita, el diamante, el ónice, el rubí, el topacio y el sistema cristalino llamado cúbico, que presenta una forma cúbica, como su nombre indica. Sin embargo, la piedra más representativa de este sistemas es, sin duda, la fluorita o fluoruro de calcio, muy apreciada por los romanos. Numerosos jarrones y objetos de todo tipo eran esculpidos con esta piedra. Tenía la reputación de fortalecer los pensamientos, el poder de concentración y reflexión, y aportar tranquilidad y paz al espíritu de aquél o aquella que lo llevase.
FLUORITA


LUNA
El aguamarina, el cristal, el diamante, la esmeralda, el ópalo, la perla, la piedra lunar y la selenita se atribuían tradicionalmente al satélite de la Tierra.
El sistema cristalino hexagonal es el que se corresponde con la Luna , es decir el cuarto en la lista, siendo la esmeralda una de sus más bellas representantes. La esmeralda o silicato de aluminio y de berilo siempre tuvo un carácter sagrado en la Antigüedad. Sus virtudes oftálmicas, hepáticas, antihemorrágicas y antisépticas eran célebres, así como su facultad para estimular la memoria.
ESMERALDA


MERCURIO
El ágata, la azurita, el berilo, el coral, el yeso, el jaspe, la marquesita, el ojo de gato y la sardónica son las piedras atribuidas a este astro. El berilo pertenece también al sistema cristalino hexagonal, que se asocia a Mercurio. Sin embargo, parece que Mercurio está en correspondencia  sobre todo con el séptimo sistema cristalino, llamado monoclínico o clinorrómbico, es decir, provisto de un prisma oblicuo con base romboidal, cuya más bella representante es la azurita o hidrocarburo de cobre. Tenía la fama de ejercer sanos efectos sobre los problemas de tiroides y las enfermedades de la piel.
AZURITA


VENUS
Se le atribuyen el ágata, el aguamarina, la albita, la amazonita, el berilo y también la esmeralda, el coral rosa, el lapislázuli, la perla y el zafiro claro. El sexto cristalino, triclínico, es decir, provisto de un paralelepípedo con base romboidal, puede parecérsele; por tal motivo, la amazonita o silicato doble de aluminio y potasio es una magnífica representante. No nos debe sorprender que sus virtudes sean esencialmente las de procurar esperanza y amor a aquél o aquella que lo llevase.
AMAZONITA


MARTE
Se le atribuyen el imán, la amatista, la cornalina, el granate, el rubí, la sanguinaria y el topacio. Se trata del sistema cristalino ortorrómbico -es decir, provisto de un paralelepípedo rectángulo-, el tercero de la lista, que le corresponde. Su más bello representante es el topacio, que era célebre por traer buena suerte a la persona que lo llevase, pero también por sus virtudes terapéuticas, sobre todo en lo referente a los problemas oculares.
TOPACIO AZUL


JÚPITER
La amatista, una vez más el berilo y la esmeralda, el zafiro oscuro y la turquesa son las piedras que se le atribuyen. Es el quinto sistema cristalino, llamado sistema romboédrico, es decir, provisto de un paralelepípedo cuyas 6 caras son romboides iguales, cuyo representante ideal es la rodocrosita o carbonato de magnesio. De ésta se decía que tenía una acción curativa para los problemas hepáticos, las úlceras, el asma y la congestión.
RODOCROSITA


SATURNO
Se le atribuyen el coral negro, la cornalina, el azabache, el ónice y la perla negra. Parece que le corresponde el segundo sistema cristalino, llamado tetragonal, es decir, provisto de un prisma recto con base cuadrada. En efecto, la piedra más representativa de este sistema es la wulfenita, que no es otra cosa que molibdato de plomo y que se asocia con este astro. Al haber sido descubierta hace poco, no se le conocen ni virtudes ni poderes específicos.
WULFENITA


sábado, 23 de septiembre de 2017

La alquimia. Algunos alquimistas

Veamos 5 grandes figuras de la alquimia que, a través de los siglos y en muchas civilizaciones, trabajaron por la búsqueda del último secreto de la vida.


KO HONG (HACIA 252-HACIA 333)


Históricamente, el primer alquimista conocido es un chino llamado Ko Hong, que según la costumbre china, obtuvo la apelación honorífica de Che K'iuan y el sobrenombre de Pao P'u-tso. Se trataba de un pensador taoísta de gran renombre, que nació en pleno siglo III de nuestra era y que murió hacia el año 333. Si situamos históricamente la existencia de este personaje que, como  es habitual en China, es al mismo tiempo auténtico y legendario, es simplemente porque fue el autor de un tratado de magia y de alquimia que ha llegado hasta nosotros, el Pao P'u-tso, de ahí su sobrenombre.
De nacimiento humilde, consiguió ascender en la jerarquía política de su tiempo, obteniendo un puesto oficial -lo que en esta época sucedía raramente- en una provincia en que la alquimia ya tenía bastante crédito, y donde pudo dedicarse a sus trabajos, inspirados en sus meditaciones sobre los textos taoístas.
Ko Hong no aspiraba a transformar el plomo en oro, sino a fabricar una sustancia mágica que volviese inmortal a quien la absorbiera. "Quienes absorban este polvo de la inmortalidad -escribió- verán cómo sus cabellos blancos se transformarán en negros, y los dientes que les faltan crecerán; recuperarán la fuerza que habían perdido. Los que tomen esta droga no envejecerán jamás, los ancianos se convertirán en jóvenes y vivirán eternamente."

ZÓSIMO DE PANÓPOLIS



"Si descubres mis tesoros, deja el oro para los que busquen su propia pérdida; pero al hallar el medio de comprender los caracteres, en poco tiempo reunirás todas las riquezas. Si, al contrario, tomas solamente las riquezas, te precipitarás hacia tu propia pérdida debido a los celos de los reyes, y no sólo de los reyes, sino de todos los hombres."
Así se explicaba este alquimista, al que no hay que confundir con el Papa del mismo nombre y que llegaría a ser también santo.
Zósimo de Panópolis era un historiador griego que vivió en la segunda mitad del siglo V de nuestra era. Su obra es testimonio de la decadencia romana, víctima de la subida al poder del cristianismo, que, como sabemos, se convertirá en la religión del poder. Pero también fue un alquimista eminente, cuyas obras se sitúan en la encrucijada de la Gran Obra realizada por los egipcios y los griegos, y que tuvieron una profunda repercusión en la mentalidad, las creencias y las costumbres de la Europa medieval.

AVICENA (980-1037)



Gran filósofo, matemático y alquimista árabe, Abu Ali al-Hosain ibn'Abdallah ibn Sina fue también maestro en geometría y en medicina, practicando y enseñando el arte de curar desde que contaba la edad de 16 años. Así pues, la lógica, la física, la metafísica, la astronomía, la astrología, la aritmética, la música, además de la medicina y de la geometría, no tenían secretos para él. Durante este período más agitador que agitado que fue el paso del milenio I al milenio II, sus trabajos y su obra fueron sin duda el origen de un giro en la historia de la humanidad en la aprehensión del saber y la ciencia; puesto que Avicena fue uno de los primeros en describir con mucha precisión el esqueleto del hombre en sus menores detalles. Definió con muca claridad los síntomas de la meningitis, los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro y la naturaleza y orígenes de los tumores.
Su farmacopea, de una gran riqueza, estaba compuesta de pociones preparadas con mucho cuidado y precisión y era capaz de aliviar y curar muchos males.

NICOLÁS FLAMEL (1330-1418)


Se trata ciertamente del más célebre de los alquimistas, pero sin duda también el más misterioso y controvertido. Así, actualmente se sabe que la obra que se le atribuye, el Libro de las figuras jeroglíficas, no fue escrita hasta el siglo XVII, dos siglos después de su muerte. Sin embargo, antes de haber encontrado la Piedra filosofal -puesto que así es cómo se explica que este humilde escribano público se convirtiera en uno de los hombres más ricos e influyentes de su tiempo (aunque parece que NIcolás Flamel simplemente fue un hombre previsor y muy capacitado para hacer dinero, como se suele decir actualmente)-, fue iniciado en la cábala y la alquimia por alquimistas judeo-españoles cuando hizo un viaje en total clandestinidad hacia España, a espaldas de la Inquisición, que perseguía tanto a los judíos como a los cabalistas y alquimistas. De vuelta a París, Nicolás Flamel se dedicó día y noche a trabajos de alquimia y se hizo rico. ¿Fueron sus hallazgos alquímicos lo que le permitió pasar de repente de la indigencia a la prosperidad? No se sabe. Pero entre lo mejor de París de su época corría un rumor que le obligó a realizar un peregrinaje a Santiago de Compostela para demostrar su fe. A su muerte, la famosa fortuna del alqimista parisino ascendía aproximadamente a 800 libras. Sin duda una bonita suma, pero que no tenía nada de excepcional. En realidad, se ha comprobado que Nicolás Flamel heredó bienes de su compañera, Dame Pernelle, que murió en 1397.
Por eso, el rumor público pudo más que el alquimista, cuya obra siguió siendo, a pesar de todo, célebre.

PARACELSO (1493-1541)


Theophrastus Philippus Bombastus von Hohenheim nació en Suiza, en el cantón de Zurich. Su padre, médico, era profesor de ciencia química, es decir, de alquimia, puesto que así es cómo se la llamaba oficialmente. Gran médico, alquimista y profesor de estas ciencias a su vez por todas las universidades europeas, tuvo una actitud totalmente revolucionaria para su época, por un lado porque tomó la iniciativa de transmitir su saber en su lengua natal, el alemán, en vez del latín, y por otro lado porque se vanagloriaba de practicar la medicina basándose en la obra de Hipócrates, en lugar de Galeno, como era lo habitual. Por eso se le llamó el Lutero de la medicina. Por otro lado, los trabajos y la obra de Paracelso, titulada la Gran  cirugía y compuesta de 15 volúmenes, abrieron una vía de la medicina moderna homeopática y alopática.



jueves, 7 de septiembre de 2017

La alquimia. De la Tabla Esmeralda a la Obra negra


Intentar encontrar las raíces del nombre que se empleaba específicamente para designar la transmutación de metales, y que en el lenguaje corriente lo hemos adoptado para referirnos a cualquier tipo de transformación profunda, misteriosa y secreta, es perderse en un laberinto de hipótesis y especulaciones.
 En efecto, el foco original de este nombre, sin duda mucho más antiguo de lo que podamos pensar, tal vez procedente del griego khymos, que significa "jugo", que ha dado khymeia, "mezcla", o bien del griego khemia, que significaba "magia negra", derivado del copto shame, "negro", que designaba a los egipcios, los cuales pasaban por ser los maestros del arte de la alquimia, parece de hecho de origen árabe. Al kimia' sería, pues,  el término árabe para designar la alquimia, es decir, literalmente, el gran secreto, pero también el nombre árabe de la Piedra filosofal. Algunos especialistas en estas ramificaciones de la lengua, y sus formas múltiples, han visto efectivamente la raíz kama, que significa "guardar en secreto". Otros vieron también una raíz común con 'al-'iksir, el elixir.
Finalmente, para completar este análisis, debemos citar a los que, abreviando el camino, no sin fundamento, pretenden que el nombre original de alquimia, a través del griego, que a su vez es derivado del copto y del hebreo, y tal vez también del akkadio, simplemente vendría de Egipto. Es cierto que el shame copto, al que ya hemos hecho referencia, provenía del jeroglífico que designaba la tierra negra y cenagosa del valle del Nilo, que ha dado su nombre en egipcio, es decir, kem, de kemi, el negro. Inmediatamente, vemos el parecido entre 'al kimia, la Piedra filosofal según los árabes, y el kemi, según los egipcios.

LA OBRA NEGRA, DE LA EDAD MEDIA AL RENACIMIENTO

El "Negro", tal como se entiende en alquimia, es además el último estadio de la realización de la Gran Obra, que a su vez comprende tres obras: la Obra blanca, la Obra roja y la Obra negra.
Ahora bien, debemos comprender que la alquimia se consideraba tanto una ciencia, con todos sus experimentos y las aplicaciones que ello implica, como una filosofía. Sin embargo, actualmente, la búsqueda de los alquimistas nos parece tan utópica que tendemos a ocultar su aspecto científico, es decir, la tarea que llevaba a cabo el iniciado en su laboratorio, sometiéndose a reglas, métodos, leyes estrictas y rigurosas. Sin embargo, a partir del siglo XIII, en que asistimos a un verdadero reconocimiento de la alquimia en Europa, la cual goza del entusiasmo de muchos intelectuales de Occidente durante la Edad Media, hecho que ya no decaerá hasta la llegada de la ciencia moderna, el alquimista trabaja sobre todo, y con tenacidad, dentro de su laboratorio. Y es en esta búsqueda de la Gran Obra y pasando por todas las fases de la transmutación de metales, que posiblemente le permitirían encontrar la Piedra filosofal, es decir, haciendo dicho camino, pone su arte, su ciencia y sus investigaciones al servicio de la metalurgia, de la medicina, de la física y de la vida.
Así es cómo los orfebres, herreros, boticarios, incluso médicos, aunque no sean alquimistas, con frecuencia están relacionados con alquimistas, que, con el pretexto de experimentar con la transmutación de metales y con la posible perspectiva de conseguir algún día fabricar oro en el laboratorio, descubren mecanismos y procesos naturales, establecen fórmulas y procedimientos, algunos de los cuales, por ejemplo, aplicados al cuerpo humano, pueden tener efectos salvadores y saludables sobre la salud del hombre y de la mujer. En este sentido, está claro que el alquimista, encerrado en su laboratorio -a menudo situado en los monasterios- pero que, de 1270 a 1320 aproximadamente, por consiguiente, durante medio siglo, fue perseguido por la Iglesia y la Inquisición, como lo fueron indiscriminadamente los asesinos, los curanderos, los juglares o los médicos, es el ancestro del investigador o sabio que actualmente trabaja en su laboratorio.
No es de extrañar por tanto que en algunos lugares haya perdurado la célebre expresión "esto huele a azufre" para designar una situación que no nos parece conforme a las reglas y a las leyes, puesto que, poco a poco, los trabajos de los alquimistas perturban el orden establecido, que en aquel tiempo era sobre todo el de la Iglesia, como es bien sabido.
Además, también sabemos que, como siempre, aparecieron entre los alquimistas muchos charlatanes e impostores que, con la excusa de "hacerse de oro" -otra expresión que ha entrado en el lenguaje corriente-, fabricaban monedas falsas. Había que poner orden, lo que hizo el Papa Juan XXII por decreto, en 1317. Pero sobre todo durante el Renacimiento fue cuando la alquimia tuvo un auge extraordinario, al mismo tiempo que vemos un resurgimiento de la cábala y de los mitos de las civilizaciones antiguas, todo ello lo percibían los hombres del siglo XVI desde un punto de vista sintético y místico, que llevará, paradójicamente en apariencia y, en verdad, lógicamente, a una interpretación científica y mecánica del mundo y de la vida, que es la de hoy en día.

LA TABLA ESMERALDA

La Tabla Esmeralda, al igual que las Tablas de la Ley del judaísmo, transmite a los alquimistas una reglas que deben respetar.

Remontándonos aún más en el tiempo, encontramos un texto mítico, legendario, del que existe una versión bien real, sin que estemos muy seguros de los escritos que lo han inspirado, y que se considera la biblia de los alquimistas. Este texto se llama la Tabla Esmeralda. Su redacción se atribuye a un autor griego desconocido, que a su vez se habría inspirado en un texto egipcio, o tal vez babilónico, no se sabe, puesto que se han hecho diferentes interpretaciones al respecto.
En todo caso, nacieron muchas versiones de este texto corto, escritas en árabe y a menudo contradictorias en su contenido, entre los siglos XI y XIV; pero la más antigua sigue siendo un texto escrito en lengua siria, de unas veinte páginas, que data del año 934. La versión traducida a latín no se imprimiría hasta el siglo XVI, en pleno Renacimiento. Empieza así:
"Las palabras de los Secretos de Hermes, escritas en una Tabla Esmeralda que sostenía entre sus manos y descubiertas en una oscura cueva donde se encontró su cuerpo inhumado: Es verdad, sin mentiras, cierto y muy verdadero: Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para hacer los milagros de una sola cosa."