domingo, 4 de agosto de 2019

Visiones y Apariciones


Todos nos hallamos sujetos a visiones y apariciones. ¿Son fenómenos naturales? ¿Estamos dispuestos a creerlas?


Una atenta observación a los fenómenos llamados sobrenaturales, objeto de los seres que han tenido visiones y apariciones, nos permite constatar que, casi siempre, no nos hallamos ante individuos de carácter soñador o etéreo, totalmente alejados de la realidad del mundo, sino todo lo contrario, se trata de personalidades que poseen gran lucidez, realistas, bien anclados en la vida material. También con frecuencia, este tipo de fenómenos se manifiesta normalmente de repente y sin ninguna señal de aviso, en individuos  fundamentalmente escépticos o incrédulos.

LOS FENÓMENOS NATURALES
A lo largo de los siglos, en todas partes y en todas las civilizaciones, hombres y mujeres de todos los tiempos han tenido visiones y apariciones. Los testimonios al respecto abundan. Todavía hoy, existen numerosos testimonios. Sin embargo, la mayor parte de las veces, no lo revelan por miedo a que sus interlocutores , incluso sus seres más íntimos, no les tomen en serio.

Casi siempre, al ser los únicos en saber lo que han visto creen haber sido víctimas de una o varias alucinaciones.

La naturaleza humana posee, sin duda alguna, la facultad de ver más allá de lo que su agudeza visual permite ver. ¿El hecho de no ver, no ya la electricidad o los campos magnéticos a simple vista, sino únicamente los efectos físicos que se producen en la realidad material, significa que no existan? En verdad, todo hace pensar que tenemos mucho miedo de ver espontáneamente lo que presentimos o experimentamos intuitivamente.

La historia de la humanidad, desde el principio de los tiempos, al menos por lo que sabemos hoy día, nos demuestra que el hombre siempre ha intentado tener seguridad, ha querido asegurarse, imponerse límites para conjurar una especie de angustia indecible que provoca en él la perspectiva inefable y común  a todos de la muerte, es decir, el desaparecer, el caer en el olvido, el ya no ser nada de lo que somos cuando estamos vivos, no ser nada de nada. Lo queramos o no, todos estamos apegados a la vida, a nosotros mismos, por supuesto, a nuestro cuerpo, pero, sobre todo, a nuestras ideas, nuestras costumbres, a todo lo que hace que seamos lo que somos: un individuo distinto de nuestros semejantes.

Por eso, algo nos impide ver más allá de nuestro campo visual; algo que nos hace temer ahogarnos, perdernos, aniquilarnos en una especie de caos original, al que todas las cosmogonías antiguas hacen alusión.

Por ello las visiones y las apariciones no se controlan, sino que nos son impuestas en contra de nuestra voluntad. También ésta es la razón por la que atribuimos a tales fenómenos un carácter sobrenatural.

Sin embargo, consideramos que no hay nada más natural que ver lo que, normalmente, no está hecho para que la vista lo distinga. ¿No vemos hoy cada día imágenes, fotografías sobre las que se han fijado unos acontecimientos, escenas, a veces incluso seres que hemos conocido y que ya no existen? El mundo en el que vivimos y evolucionamos cada día, una vez más, ¿no está lleno de objetos, instrumentos, estructuras, formas que, al principio, no existían y que, consecuentemente, no son reales sino que son el resultado de visiones y de la imaginación de los hombres, y que hemos hecho realidad? Tomemos el sencillo ejemplo de la línea recta: es una total ilusión, puesto que en la naturaleza y en el universo, la única línea que existe es la curva. Y sin embargo, la línea recta está omnipresente en nuestro universo cotidiano.



¿CÓMO DISTINGUIR ESTOS FENÓMENOS?
¿Podemos o debemos creer en lo que vemos? Solo el que  tiene fe en sí mismo no se lo pregunta. Pero, casi siempre, tal como es la vida actualmente, la duda nos invade. Ahora bien, una constante se revela en todos los visionarios: para ver hay que creer. Hay que encontrar esta fe en uno mismo y esta fe en la vida, sin las cuales esta última no vale la pena ser vivida, pero ninguna enseñanza, hoy en día, nos enseña a buscar, a descubrir y a cultivar. Como ayuda a distinguir la naturaleza de los fenómenos propios de las visiones y las apariciones, a continuación una lista exhaustiva.
  • APARICIÓN: apparitio se empleó en latín para traducir la palabra griega epiphaneia, epifanía", que significaba "que aparece", la cual viene de phanein, "hacer brillar". La epifanía es la manifestación de lo que está oculto, de lo que, normalmente, no se ve a simple vista.
  • CLARIVIDENCIA: del latín calare, "llamar", clamare, "clamar", y veant, "vista", significa  "que tiene la vista aguda", perspicaz, que ve y anuncia (al instante) lo que ve". 
  • EXTRALÚCIDO: es un sinónimo de "vidente" y significa "brillante, luminoso", pues viene del latín lux, "luz". Una persona extralúcida o vidente es susceptible de poseer un don de doble vista brillante y luminosa.
  • INTUICIÓN: del latín intuitio, "imagen reflejada en un espejo", deriva de intueri, que significa "mirar atentamente, representarse a través del pensamiento".
  • PREDICCIÓN: del latín prae, "de antemano", y dicere, "decir", significa "decir o anunciar de antemano".
  • PREMONICIÓN: del latín prae, "de antemano", y monitio, "advertencia, consejo", significa dar  un consejo o una advertencia de antemano".
  • PRESAGIO: del latín prae, "de antemano", y sagire, "tener olfato, sentir con agudeza", que también ha dado "sagaz", es una predicción realizada a partir de los signos que permiten prever el futuro.
  • PRESENTIMIENTO: del latín prae, "de antemano", y sentire, "sentir", se trata de un sentimiento irracional que hace prever un acontecimiento futuro.
  • PROFECÍA: del latín propheta, "adivino que predice el futuro", viene de prophanai, que significa "anuncia de antemano", es decir, prae, "de antemano", y phanal, "hacer visible a través de la palabra", que encontramos en "fonema" y "fonética". Todas estas palabras vienen del griego prophestes, "profeta o intérprete de Dios".
  • VISIÓN: Se trata de algo que normalmente no se ve a simple vista y que se impone al espíritu o la vista. Distinguimos entonces, entre la visión intuitiva (véase intuición) que se impone al espíritu y la visión premonitoria (véase premonición), que se impone a la vista.

martes, 16 de julio de 2019

Intuición y premonición


La intuición es un efecto de la memoria. Está, pues, relacionada con el pasado. La premonición es una advertencia. Por tanto, entra en relación con el futuro. Tanto una como otra pueden ayudarnos a vivir mejor nuestro presente.

Para muchos de nosotros, tener una intuición o una premonición es una misma cosa. Por otro lado, se les puede añadir el presentimiento, al que se atribuye también el mismo significado. Sin embargo, a pesar de parecer exageradamente  puntillosos en opinión de algunos, es necesario otorgar a cada uno lo que le corresponde y distinguir una experiencia de otra.


¿QUÉ ES UNA INTUICIÓN?
A juzgar por el sentido etimológico de esta palabra, la intuición sería literalmente"una imagen reflejada en un espejo". Por más inconcebible que pueda parecer, aunque dicha palabra no figure en casi ningún diccionario contemporáneo de psicoanálisis, hay que constatar que la intuición nos remite directamente al mito griego de Psique, a propósito del cual hay que recordar que se trata de una representación del alma, de donde viene su nombre (psykhe, en griego significa "alma").

Según esta leyenda, tal como nos la cuenta Apuleyo en su Asno de oro o Libro de las metamorfosis, Psique es bella y feliz mientras se deja amar y ama sin mirar el objeto de su amor. Pero el día que intenta ver su rostro mediante una lámpara, puesto que siempre es durante la noche cuando Amor o Cupido la visita, lo pierde para siempre.

Esta leyenda ilustra perfectamente la verdadera naturaleza y el funcionamiento de la intuición que, al contrario de las ideas preconcebidas, no es un don que permita prever el futuro, sino una facultad innata, más o menos desarrollada o despierta, dependiendo de los individuos, que favorece una contemplación inmediata de lo que ocurre o debe ocurrir. Sin embargo, una visión de este tipo, instantánea, fuerte, evidente, espontánea, verdadera, jamás es permanente, sino que se desvanece. Algo así como si quisiéramos retener la imagen de una película; nos quedamos con la imagen pero ya no vemos la película.

Pero parece que fue en los siglos XVIII y XIX cuando el sentido profundo del término "intuición" sufrió una transformación o, más exactamente, una alteración o una deformación. En aquel entonces se asimiló al presentimiento, antes de ello se trataba simple y puramente de un fenómeno natural, espontáneo, producido por el alma humana, a través de la cual creemos estar unidos a otras almas, en una especie de memoria colectiva donde el pasado, el presente y el futuro se confunden y forman un todo indivisible y coherente. Esta memoria colectiva, en la que nos inspiramos todos inconscientemente, es reconocible por el lenguaje de los símbolos, común a todos los pueblos de la Tierra y a todas las mujeres y hombres que sueñan. En el plano físico, su equivalente es la memoria genética. Lo que viene a decir que al ser la intuición un fenómeno producido por el alma, inmersa dentro de la memoria individual, ella misma unida al océano de la memoria colectiva es, en realidad, un efecto de la memoria. Como tal, está pues sobre todo en relación con el pasado , la memoria colectiva que contiene todo lo que hemos visto, aprendido, comprendido y vivido desde que el mundo es mundo, donde somos lo que somos, desde tiempos inmemoriales, al menos si nos situamos en el plano de la memoria consciente.

Dicho de otra forma, un ser intuitivo, en el sentido auténtico del término, posee una memoria comparable a una especie de espejo, como en el mito de Psique, que le envía permanentemente una imagen de sí mismo de gran riqueza y belleza. En principio, mientras no lo deformemos con nuestros deseos y nuestra visión interpretativa, el mundo es bello, tan bello como nosotros, ya que ha sido creado a imagen nuestra. La intuición no es otra cosa que una reminiscencia, el ascenso en el campo de nuestra consciencia de un hecho, de una cosa que ya sabemos, que sabemos desde siempre y que nos vuelve en el momento oportuno.


¿QUÉ ES LA PREMONICIÓN?
En cuanto a la premonición, está totalmente orientada hacia el futuro, la previsión y la anticipación. Por ejemplo, a juzgar por su sentido etimológico, entra en analogía con los verbos "presagiar" y "predecir", "advertir" y "exhortar", pero sobre todo con "prevenir", que tanto puede entenderse en el sentido de la advertencia como de la prevención. Por eso, un sueño premonitorio es un sueño que previene, que nos advierte de algo que nos concierne directa o indirectamente.

Al igual que la intuición, el sueño también es una función del alma.

Sin embargo, en el impensable caos de la memoria individual y colectiva, tenemos que separar el grano de la paja, ya que sino estaríamos debatiéndonos constantemente entre sentimientos, impresiones y visiones contradictorias que nos harían perder la razón.

De ahí que quien posea el don de la premonición -es decir, quien trabaje esta facultad innata y sin duda alguna inherente al alma humana, latente en cada uno de nosotros-, sabrá, por instinto o por lógica, explotar dicho fenómeno de la memoria que es la intuición, para advertirse de un hecho importante para él, que todavía no se ha producido, pero que seguramente se producirá, puesto que todo lleva hacia él.

Cuando el fenómeno de la premonición se manifiesta, podemos considerar que un hecho o acontecimiento ya está presente, en germen, en la memoria individual o colectiva.

El sujeto que tiene la premonición del mismo recibe el mensaje o la advertencia para que pueda actuar o adoptar cierto comportamiento a título preventivo.

La premonición es entonces una especie de instrumentalización de la intuición o, si se prefiere, el ser explota el fenómeno de la intuición que no puede y no debe controlar jamás, si no quiere correr el riesgo de tener una visión deformada del mundo, de perder todo amor y toda motivación, tal como se nos cuenta en el mito de Psique, para prevenirse a sí mismo de lo que debe forzosamente saber o conocer.

Si lo que le ocurre es que se convierte en dueño de la intuición, entonces confunde angustia con premonición. En tal caso efectivamente, se trata de sus deseos, ambiciones, miedos y esperanzas, los cuales dictan sus pensamientos más íntimos, no de la intuición, que ya ha perdido.

En cambio, quien deja manifestar libremente los efectos de su memoria, como sus intuiciones, atada al pasado, busca los medios para explotar todas las riquezas que contiene para advertirse y prevenirse de acontecimientos o de la evolución natural de las cosas de la vida. Entonces tiene una conciencia del futuro y de su futuro en particular. Por ello, está en condiciones de vivir mejor su presente, donde pasado y futuro se encuentran, se mezclan en una suerte de alquimia espiritual y le informan.


martes, 4 de junio de 2019

La videncia


¿Podemos ver más allá de las apariencias, lo que resulta desconocido para los demás? ¿Puede verse y conocerse el pasado y el futuro de un ser? ¿Podemos ser videntes?

Para entender el complejo fenómeno de la videncia, es indispensable aclarar el sentido de esta palabra, tan desprestigiada actualmente. Para muchos, la videncia se resume a un don de ver los acontecimientos o hechos que ocurrirán fatalmente en nuestra vida, en un futuro más o menos lejano.

El vidente -sobrentiéndase hombre o mujer, aunque aquí solo se emplee con el artículo masculino por motivos de economía del lenguaje- predice el porvenir, como solemos decir. Para un vidente ver es prever. Sin embargo, observamos que para apoyar sus predicciones, el vidente empieza a menudo por revelarnos situaciones o circunstancias relativas a nuestro pasado, aludiendo a unos seres que hemos tratado y que, presentes o ausentes en nuestra vida, permanecen cerca de nosotros. Por tanto, el vidente no se contenta con predecir o prever, sino que opera mediante una especie de auscultación de nuestra memoria, en la cual parece buscar imágenes íntimas, extraídas de nuestra vida pasada que, a primera instancia, él ignora. Nos encontramos en el campo de lo que se ha llamado retrocognición, es decir, el conocimiento del pasado, que se opone a la precognición, término que proviene de las palabras latinas prae (previamente) y cognoscere (conocer), es decir, conocer de antemano. Tal es la facultad del vidente: ver y prever, sin que lo sepamos, unos acontecimientos futuros que nos conciernen. ¿Cómo es posible que se dé este fenómeno?

"Videncia" y "vidente" proceden del latín videre, que significaba "ver". De la misma raíz provienen las palabras "visitar" (que originalmente quería decir ver con frecuencia), "visión" (que se entendía tanto como aparición o ensueño) y "evidente" (término con lo que se designa lo que, por patente, salta a la vista).



EL FENÓMENO DE LA VIDENCIA
Por muy extraño que pueda parecer, en consideración al número de videntes que ejercen más o menos en todas partes del mundo, y teniendo en cuenta las múltiples investigaciones que los hombres de ciencia emprenden actualmente al respecto, jamás han sido estudiados seriamente los mecanismos de la videncia. Es un principio que está relegado al pasado y asimilado a las supersticiones y a la ignorancia. No obstante, la videncia existe hoy y siempre ha existido. Este fenómeno está relacionado con las investigaciones sobre el inconsciente, del cual, quizá, sea tan solo un producto. Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, demostró que, en el inconsciente, el tiempo no existía. O, con mayor precisión, que en esta zona oscura de nuestra personalidad, el pasado y el presente podían confundirse y surgir en cada momento. Recordemos que el análisis se basa en una serie de asociaciones de ideas que pueden permitirnos devolver a nuestra conciencia actual hechos, acontecimientos o situaciones, y también sentimientos y emociones, de nuestro pasado. De hecho, según el principio enunciado por el psicoanálisis freudiano, el inconsciente es el lugar desconocido de la consciencia, habitado por contenidos reprimidos que escapan a lo consciente.

Años después, Carl Gustav Jung, discípulo y colaborador de Freud, y cuyos trabajos no obtuvieron la aprobación de su maestro, demostró que en el inconsciente el pasado, el presente y también el futuro se combinaban, se interpretaban, se mezclaban hasta contener a veces respuestas o soluciones intuitivas a nuestros problemas sin resolver. Después de largas investigaciones y estudios profundos sobre el lenguaje de los mitos y de los símbolos, Jung reveló que la intuición no era más que el producto de la memoria inconsciente del sujeto, la cual se manifiesta en horas de vigilia o durante el sueño.

Podemos concluir que todo lo que hemos vivido está inscrito en nuestra memoria inconsciente, pero también que algunos acontecimientos venideros ya están inscritos en nosotros, a modo de germen.

Por lo tanto, ciertos seres que están dotados de una percepción inconsciente o psíquica más sensible que la de otros deberían ser capaces de captar estas imágenes inscritas en nuestra memoria sin que seamos conscientes de ellas. Pero este fenómeno resulta extremadamente raro y muy pocos son los que lo dominan. Sí, la videncia existe; pero, ¿para qué sirve y qué uso hacemos de ella? ¿No sería más acertado aprender a descubrir y a explotar nuestra memoria inconsciente intuitiva con el fin de ser más conscientes de nuestras verdaderas motivaciones y de los acontecimientos venideros, cuyas causas se encuentran, a menudo, en nuestros actos pasados o actuales? "Si supiera cómo un árbol se contrae en una semilla, podría también predecir cómo el árbol se desarrollará a partir de ésta. Si conociéramos el núcleo central de una situación, podríamos predecir sus consecuencias", ha escrito Marie-Louise von Franz.



¿POR QUÉ ES TAN RARO ESTE FENÓMENO?
Porque la memoria inconsciente intuitiva no actúa por encargo. No basta con tener, un poco más que los demás, la facultad de ver, para ver sistemáticamente y en cada momento.

Así en la Antigüedad, se distinguía la adivinación intuitiva o espontánea de la adivinación inductiva o razonada.

La primera la practicaban unos cuantos profetas, la segunda, mucho más común, resultaba de la interpretación de los signos y símbolos u oráculos, es decir, del uso de las artes adivinatorias.

Por otra parte, cabe subrayar que la memoria inconsciente intuitiva se expresa mediante el lenguaje de los mitos y de los símbolos..

Sin embargo, no solamente resulta rica y muy compleja, sino que además las interferencias de las experiencias vividas por el individuo en cuestión pueden añadir una interpretación inconsciente personal de los signos y de los símbolos cuyo significado exacto escapa a menudo al vidente.

A partir de esto, entenderemos que no basta con ver, sino que es necesario ser capaz de interpretar lo que se ve.

"De la misma manera que un físico no puede predecir un acontecimiento único con total exactitud, un oráculo no puede predecir un acontecimiento preciso. Pero puede dar una lista de probabilidades en las que se proyecta la imagen de un campo calificativo de acontecimientos, y puede predecir que algo se producirá en este campo", ha escrito Marie-Louise von Franz.

"Augurio" entronca con el latín auspicium, término que hace referencia a la observación de las aves. Con su derivado augur se designaba al sacerdote que efectuaba sus predicciones mediante esa técnica. En castellano, ha quedado la expresión "ser pájaro de mal agüero".

martes, 7 de mayo de 2019

Virtudes y poderes de los cristales, V

La crisólita, el ónice y el jaspe

LA CRISOLITA

CRISOLITA

En la Antigüedad, la crisolita o el peridoto designaban también al topacio. Por otro lado, es probable que la historia legendaria del descubrimiento de esta piedra se refiera en realidad a un peridoto. Sin embargo, hoy en día, la crisolita, el peridoto y el topacio se consideran, cada uno, como una piedra distinta con virtudes y poderes también específicos, mientras que en la Antigüedad a menudo se las confundía.

La crisolita o, literalmente, según su nombre griego, la piedra de oro fue llamada así no tanto por su color verde-amarillo y su brillo, que bien evocaba al metal precioso, sino por el poder que se le otorgaba de aportar honor y gloria a quien la llevase. Fue también bastante apreciada como amuleto protector capaz de alejar los demonios y los seres maléficos.

En la Edad Media, época en que las creencias se relacionaban con fantasmas (existen numerosos y frecuentes testimonios de ello), cuando podían,ponían una crisolita cerca de la cama para alejar a los espectros.

Sus poderes y virtudes terapéuticas
Famosa por actuar contra las angustias nocturnas, los ataques de melancolía y apaciguar los espíritus enfermos o nerviosos, la crisolita se utilizaba también para para combatir el estreñimiento crónico, curar las úlceras y favorecer la cauterización y cicatrización en caso de heridas. Pero parece que se utilizaba asimismo, y sobre todo, para curar las enfermedades del corazón y vencer las fiebres: "una persona que sufra del corazón debe mojar una crisolita en aceite de oliva. A continuación pasará esta piedra por la parte dolorosa del corazón y sentirá un alivio. [...] Una persona febril debe calentar vino y luego sostener encima una crisolita. Los vapores se mezclan con el vino caliente, que el enfermo beberá en seguida. Pondrá la piedra en su boca durante aproximadamente una hora. Al hacerlo varias veces, podrá constatar un bienestar", según un escrito medieval de santa Hildegarda de Eibingen.


EL ÓNICE

ÓNICE

Su nombre procede del griego onyx, que significa "uña, garra", ya que esta piedra de destello brillante tiene una forma y un aspecto que recuerdan a una uña. Sin embargo, todo deja suponer que esta palabra griega deriva del sánscrito nakkàh, que también significaba "uña" y "garra". En efecto, en la Antigüedad, era apreciada en la India y en Persia, donde se creía que volvía invisible quien la llevaba. Pero fue sobre todo en la Edad Media cuando más se habló de ella. Citemos especialmente una piedra de ónice a la que se le atribuían virtudes curativas milagrosas y que se encontraba en la iglesia de San Miguel de la abadía Saint Albans, en el noroeste de Londres, en Gran Bretaña, donde reposan los restos del filósofo y político inglés Francis Bacon.

Sin embargo, por sus colores -puede ser negra, marrón o roja-, se creía qie podía ejercer una mala influencia y, concretamente, provocar conflictos y rupturas, sobre todo en las parejas pero también entre vecinos.

Sus poderes y virtudes terapéuticas
No nos sorprenderá saber que se suponía que tenía excelentes efectos sobre el brillo y la tonicidad de la piel, de las uñas, por supuesto, y también de los cabellos. Hacía maravillas para estimular el sistema inmunitario y así proteger de las enfermedades contagiosas. Por otro lado, era muy útil en caso de problemas oculares. "Cuando una persona tiene los ojos débiles o siente que se le está formando una úlcera en los ojos, debe verter vino bueno en un recipiente de cuero. Debe colocar dentro una piedra de ónice para que se limpie durante quince o treinta días. Luego la sacará dejando el vino en el mismo recipiente. Todas las noches, el enfermo debe mojar sus ojos con el vino. De esta forma se le aclararán y se le curarán", escribió santa Hildegarda de Eibingen.


EL JASPE

JASPE

Al contrario que el ónice, el jaspe era muy célebre en la Antigüedad. Encontramos la raíz etimológica de su nombre, en Mesopotamia, en el término acadio yaspû, de donde derivó el hebreo yaspeh. Se trata de una piedra opaca con muchas marcas coloreadas. Además de resultar un remedio milagroso, los poderes que se le atribuían eran numerosos. Así pues, se suponía que favorecía las visiones y los estados propios de los mediums, y que los mismos indios la utilizaban en los rituales de la lluvia. Se usaba, pues, comúnmente, tanto en la magia como en la brujería. Además, parecía proteger de todos los males y plagas de la naturaleza, pero también de los accidentes, de las heridas e incluso de las mordeduras de serpiente y de las picaduras de escorpión y de grandes insectos.

Sus poderes y virtudes terapéuticas
Parece que en la más remota Antigüedad y durante la Edad Media, el jaspe se empleaba para cuidar y curar casi todas las enfermedades. Debemos decir que Galeno, Dioscórides y Plinio el Viejo alabaron sus virtudes. Según ellos, sus efectos contra los dolores de estómago, de hígado, de riñones y de corazón, eran inmediatos. Sus virtudes resultaban estimulantes, tonificantes, cauterizantes, cicatrizantes, inmunizantes y calmantes. "Quien sienta venir los dolores en su cuerpo, en las costillas o en un lado, es decir, una artritis, que ponga un jaspe en dicha parte del cuerpo y que presione fuertemente hasta que se caliente, el mal desparecerá porque el buen calor y la virtud del jaspe apaciguan y curan estos dolores irregularmente fríos y falsamente calientes. [...] Quien se despierte durante la noche con palpitaciones en el corazón o a quien, durante el día, le importune un dolor en el corazón o en un lado, casi siempre se sentirá aliviado con una piedra de jaspe aplicada sobre la piel y en el lugar del corazón. [...] Una persona que tiene pesadillas a menudo debe poner una piedra de jaspe cerca de su cuerpo, de modo que todos los fantasmas y todos los engaños del diablo huirán y desaparecerán", así lo contó santa Hildegarda de Eibingen



martes, 23 de abril de 2019

Virtudes y poderes de los cristales, IV

El ópalo, el ágata y la amatista

EL ÓPALO


ÓPALO

Su nombre viene del sánscrito upalah, que significa "piedra", y que ha dado en griego oppalios y luego en latín opalus. En castellano no se data esta palabra hasta el siglo XVII.

Fue, en primer lugar, en la India donde esta piedra resultó de gran estima por su brillo, su belleza y la fuerza protectora que se le concedía. Se atribuía a la Trimûrti, nombre que en sánscrito significa literalmente "que tiene tres formas", es decir la Trinidad hindú, compuesta por Brahma, el Creador; Vishnu, el Conservador: y Shiva, el Destructor. Los hindúes le concedían, pues, un poder divino.

Más tarde, los griegos y los romanos vieron también en ella numerosas virtudes. Existen muchas anécdotas relacionadas con esta piedra, la más preciosa de todas para los hombres de la Antigüedad. La anécdota más célebre nos habla de un senador romano llamado Nonius, que poseía un ópalo con un brillo azul incomparable. Ahora bien, también el fogoso Marco Antonio codiciaba dicha piedra, que deseaba con fervor ofrecer a la reina de Egipto, Cleopatra. Pero el senador optó por el exilio antes que ceder a la voluntad del político romano.

Por otro lado, sobre todo en Oriente, el ópalo tenía fama de guardar la virtud de potenciar el brillo y la tonicidad de los cabellos de las mujeres rubias y protegerlos del peligro del mal tiempo. Por eso, los apreciaban mucho y todas deseaban tener uno. Sin embargo, mientras en la Antigüedad esta piedra era célebre por los beneficios que aportaba, en Europa, en particular en la Edad Media, no sucedió lo mismo. Esta piedra tuvo fama de gema maléfica. Considerada por griegos y romanos una piedra que traía suerte, en cambio desde el siglo X se le llamó la piedra de las lágrimas y los joyeros la desdeñaron.

Sus poderes y virtudes terapéuticas
Sin embargo, el ópalo no carecía ni de atractivos, ni de poderes. Se creía concretamente que llevar un ópalo ayudaba a mantener la tranquilidad, a no dejarse atrapar por las emociones, volvía al individuo más confiado, más sereno y también más tierno. En cuanto a sus virtudes terapéuticas, son innumerables. En efecto, las creencias al respecto revelan que se supone que preservaba de las enfermedades cardíacas, las infecciones de todo tipo, los problemas oftálmicos y hepáticos, que estimulaba la capacidad cerebral, los presentimientos positivos, la reflexión, la meditación, la vista. La propiedad más evidente que dicha piedra parece albergar es la del sosiego del espíritu.


EL ÁGATA


ÁGATA

De esta piedra no podemos decir que sea rara, pues existe muchas variedades en todo el mundo. Contrariamente al ópalo, tuvo una excelente reputación durante toda la cristiandad, y no era excepcional oír a los obispos alabar sus virtudes. Entonces se creía que favorecía la longevidad y la obtención de riquezas. Su nombre, derivado del griego akhatês, designaba simplemente cualquier variedad de calcedonia. En la Antigüedad, los campesinos pensaban que llevando un ágata tendrían más oportunidades de obtener una cosecha abundante; esta creencia perduró durante mucho tiempo. Era frecuente ver un ágata colgando de la yunta de una carreta. Hoy en día, todavía está considerada la piedra de la suerte de los jardineros.

Pero hay otras creencias que tienen que ver con ella desde hace milenios.

Tal vez las más arraigada es la que le atribuye el poder de proteger del rayo a quien la lleve. En la Edad Media, se creía también que preservaba de los sortilegios, los demonios, los venenos así como de todos los males y desgracias provocados o generados por los autores de maleficios.

Sus poderes y virtudes terapéuticas
En la Antigüedad, el ágata tenía fama de curar y aliviar a cualquier persona víctima de una picadura de escorpión o de una mordedura de serpiente y ser contaminado por su veneno. Parece que, una vez más, esta virtud ha sussistido en la mentalidad de nuestros antepasados.

En efecto, en la segunda mitad del sigo XII, en plena Edad Media, santa Hildegarda, abadesa de Eibingen, escribía: "Cuando una araña u otro insecto pica a una persona y el veneno todavía no ha penetrado en la circulación de la sangre, hay que calentar mucho un ágata al sol o sobre un ladrillo ardiente. Una vez caliente, se coloca la piedra en el lugar del dolor. El ágata extrae el veneno. Hay que calentar la piedra de nuevo de la misma forma y luego mantenerla encima del vapor caliente del agua; en seguida se deja reposar la piedra durante una horita en agua caliente. Luego, se sumerge en dicha agua un trapo de lino, con el que se rodea el lugar de la picadura de araña. De esta forma la persona se curará".

Pero esto no es todo. El ágata gozaba también de la reputación de hacer milagros en casos de sonambulismo, parece que muy frecuentes en la Edad Media, ya que numerosos testimonios lo atestiguan. Leamos lo que escribió al respecto nuestra abadesa: "Una persona afectada de sonambulismo debe poner una piedra de ágata durante tres días en agua y tres días antes del trastorno mental, luego debe calentarse dicha agua sin la piedra poco a poco. Todos los alimentos consumidos  por el enfermo deben ser preparados con esta agua y en todas las bebidas se debe colocar una piedra de ágata. Esta práctica debe seguirse durante cinco plenilunios, de forma que el enfermo vuelva a su equilibrio y se cure, excepto si Dios no lo quiere."


LA AMATISTA

AMATISTA

Se trata de una piedra de cuarzo cristalino coloreado por el óxido de hierro, cuyo nombre posee ya en sí mismo todas las virtudes y poderes que se le atribuían en la Antigüedad.

"Amatista", en el sentido literal significa "el que no está borracho", viene del griego amethustos, cuyo origen etimológico se encuentra en el término, también el griego, methuien, que significa "emborracharse". En efecto, probablemente por el color violeta de esta piedra, que recuerda el color de las heces del vino, se le atribuía el poder de preservar a los hombres de la embriaguez o de curar a los alcohólicos.

Al igual que las creencias relacionadas con las virtudes y poderes del ágata respecto a las cosechas, las creencias que se relacionan con los efectos salvadores que produce sobre quienes beben alcohol todavía siguen presentes en la actualidad.

Pero éste no es el único encanto, ni mucho menos, que se atribuía a esa gema. En efecto, representaba también la autoridad bajo todas sus formas, especialmente y sobre todo, la autoridad eclesiástica, la humildad, la moderación, la pureza moral, la verdad y la nobleza de corazón.

Como vemos, se trata de grandes virtudes que le valieron a dicha piedra una buena reputación en la Edad Media y se recomendaba mucho llevarla.

Se confeccionaban también rosarios de amatista con poderes protectores y mágicos y los obispos celebraban a menudo la santa misa con copas con engastes de amatista.

Sus poderes y virtudes terapéuticas
Hay que saber que, en la Antigüedad, a menudo se designaba a una variedad violeta de zafiro con el nombre de amatista.

Por eso, numerosas virtudes terapéuticas atribuidas al zafiro pueden también aplicarse a la amatista. También actuaba como remedio milagroso para curar casi todos los males.

Sin embargo, es única en su género para poder preservar contra la embriaguez y curar a los alcohólicos de su debilidad.

Parece también que tuvo ciertas especialidades en sus poderes para proporcionar un sueño profundo, sin trastornos, para tranquilizar a los espíritus tumultuosos, para favorecer el equilibrio de todo el sistema nervioso, aun siendo un euforizante, un fortificante y un excelente estimulante para el sistema inmunitario.