lunes, 16 de febrero de 2026

Astrología y conocimiento de uno mismo. Una revolución de las conciencias

 

Estudiar la propia carta astral para partir hacia el descubrimiento de uno mismo supone remitirse a las fuentes, las causas y los orígenes de lo que somos y de lo que nos ocurre.

 

Hemos tenido la ocasión de poder remitirnos a las fuentes de la astrología y destacar los fundamentos, principios y reglas que inspiraron a nuestros antepasados. En efecto, es indispensable comprender con qué finalidad, para quién, por qué y cómo fue creada esta ciencia de los presagios y los Números, tan elaborada y que emplea el lenguaje de los mitos y los símbolos.

Hemos descubierto que, originariamente, la astrología era una ciencia basada en la coincidencias entre las manifestaciones simultáneas de fenómenos celestes y terrestres. Por eso, uno de los primeros pasos de los astrólogos consistió en observar el cielo, las estrellas y los meteoritos, para establecer previsiones meteorológicas. La meteorología fue, pues, una de las primeras preocupaciones de los astrónomos y astrólogos de antaño.

Esto se entiende cuando vemos que, históricamente, las atentas y especulativas observaciones del cielo corresponden a aquel período de transición, de una importancia capital para la evolución de las sociedades humanas, en que las tribus que vagaban de región en región por el planeta pasaron de la vida nómada a la vida sedentaria, gracias a los grandes descubrimientos de la agricultura y la irrigación.

DE LA ASTROLOGÍA COLECTIVA A LA ASTROLOGÍA INDIVIDUAL

Se puede, pues, afirmar que la primera función de la astronomía-astrología de la Antigüedad era prever el tiempo que haría el día siguiente, exactamente igual que nos esforzamos en hacerlo en la actualidad mediante instrumentos tecnológicos muy sofisticados, para prevenir los daños que podrían causar las inclemencias del tiempo o los riesgos de tener un accidente que corren los aviones de larga distancia, por ejemplo, que surcan el cielo de la Tierra, noche y día, en todas direcciones. Por lo tanto, hablamos de previsiones meteorológicas, que son también, evidentemente, muy útiles para los agricultores.

Sin embargo, a lo largo de los siglos, parece que el hombre partió de una consideración colectiva y objetiva para llegar a una interpretación individual y subjetiva del mundo y de la vida. Esto sólo se puede entender si se admite que se ha producido, en primer lugar, una lenta evolución y una mayor madurez de la conciencia y, luego, de las mentalidades colectivas de las comunidades. Ahora bien, esta evolución y madurez, no han tocado techo, ni mucho menos. Éstas hacen que vivamos todavía con las ansias de la angustia y nos sumergen, por desgracia con regularidad, en las crisis de histeria colectiva que son, por ejemplo, las guerras. Por ello, aunque tengamos razones de sobra para estar satisfechos de haber sabido prolongar la esperanza de vida del hombre y de la mujer, no olvidemos que el siglo XX parece haber sido el más mortífero de toda la historia de la humanidad. Sin embargo, esta constatación más bien negativa, que nos debería inquietar o mostrarnos pesimistas, nos sumerge en una nueva paradoja: estamos decepcionados, desde un punto de vista colectivo, y nos sentimos impotentes, individualmente, puesto que somos incapaces de darle la vuelta a este proceso infernal, de detener las injusticias y las matanzas que se siguen perpetrando en todo el mundo. Pero, al mismo tiempo, no podemos dejar de reconocer que, en general, todos los individuos que tienen la suerte de vivir en los países denominados industrializados -lo que, en otros términos, significa privilegiados- disfrutan de un marco y un nivel de vida más bien agradables y confortables, tienen resueltas sus necesidades básicas y cuentan. pues, con todo el tiempo del mundo, si así lo desean, para preocuparse de sí mismos, tomarse el tiempo de vagar, reflexionar y partir hacia su propio descubrimiento.

 


UN DESCUBRIMIENTO IMPORTANTE: PARTIR HACIA EL DESCUBRIMIENTO DE UNO MISMO

Ahora bien, la astrología, poco a poco, también ha ido dando este giro, ya desde un siglo después de la creación del zodíaco de los 12 signos, a principios del siglo V antes de nuestra era aproximadamente. Los astrólogos de entonces se dieron cuenta de que un momento de la vida colectiva podía ser también un momento único, inscrito para siempre en el alma y en el espíritu de una persona.

Esta correlación observada entre los movimientos del cielo, los fenómenos terrestres y los acontecimientos, que marca la vida activa, social y colectiva de los hombres, también podía emplearse para entender los mecanismos y engranajes sutiles de una persona. Así es cómo nació la astrología individual, cuyo objeto se convirtió, posteriormente, no tanto en prever los probables acontecimientos futuros que afectaban a la comunidad, sino en perpetrar los misterios del alma humana. Si reflexionamos bien sobre ello, esto significó un gran descubrimiento. Y todavía no hemos acabado de valorar toda su riqueza, ni todas las ventajas que pone a nuestra disposición.

En efecto, si al estudiar su propia carta astral, cada uno de nosotros está en condiciones de leer en sí mismo, ello significa por una parte que todos los elementos y factores que concurren a la formación y a la expresión original y única de nuestro ser están inscritos en nosotros, y, por otra, que tenemos la posibilidad de reflexionar sobre nosotros mismos, de actuar, de intervenir y, por lo tanto, de modificar y transformar nuestros comportamientos y actitudes. Dicho de otro modo, si es cierto que somos los artífices de la evolución de nuestro ser, lo somos con mayor motivo desde el momento en que vivimos y actuamos con conocimiento de causa y sin autoengañarnos. Se trata de una verdadera revolución en las conciencias que, en los siglos venideros, tendrá importantes y profundas repercusiones sobre nuestras mentalidades y costumbres.

Esta revolución de las conciencias está en marcha. Ya ha empezado.

Basta consultar la historia de la humanidad de estos últimos veinte siglos para convencerse de ello; puesto que queda claro que siempre son los individuos, a veces aislados, normalmente desterrados de su comunidad, los que finalmente hicieron evolucionar la vida colectiva, pero un caso de personaje opuesto resulta casi inexistente.

Ahora bien, estos individuos que han encendido la chispa necesaria para dar un salto hacia delante, por elección o por obligación, casi siempre tuvieron la ocasión de aprender a conocerse mejor; puesto que cuanto más nos conocemos a nosotros mismos, más comprendemos a los demás. 

 

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