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lunes, 23 de marzo de 2026

Virtudes y poderes de los cristales, V

La crisólita, el ónice y el jaspe


LA CRISOLITA


CRISOLITA

En la Antigüedad, la crisolita o el peridoto designaban también al topacio. Por otro lado, es probable que la historia legendaria del descubrimiento de esta piedra se refiera en realidad a un peridoto. Sin embargo, hoy en día, la crisolita, el peridoto y el topacio se consideran, cada uno, como una piedra distinta con virtudes y poderes también específicos, mientras que en la Antigüedad a menudo se las confundía.

La crisolita o, literalmente, según su nombre griego, la piedra de oro fue llamada así no tanto por su color verde-amarillo y su brillo, que bien evocaba al metal precioso, sino por el poder que se le otorgaba de aportar honor y gloria a quien la llevase. Fue también bastante apreciada como amuleto protector capaz de alejar los demonios y los seres maléficos.

En la Edad Media, época en que las creencias se relacionaban con fantasmas (existen numerosos y frecuentes testimonios de ello), cuando podían,ponían una crisolita cerca de la cama para alejar a los espectros.

Sus poderes y virtudes terapéuticas

Famosa por actuar contra las angustias nocturnas, los ataques de melancolía y apaciguar los espíritus enfermos o nerviosos, la crisolita se utilizaba también para para combatir el estreñimiento crónico, curar las úlceras y favorecer la cauterización y cicatrización en caso de heridas. Pero parece que se utilizaba asimismo, y sobre todo, para curar las enfermedades del corazón y vencer las fiebres: "una persona que sufra del corazón debe mojar una crisolita en aceite de oliva. A continuación pasará esta piedra por la parte dolorosa del corazón y sentirá un alivio. [...] Una persona febril debe calentar vino y luego sostener encima una crisolita. Los vapores se mezclan con el vino caliente, que el enfermo beberá en seguida. Pondrá la piedra en su boca durante aproximadamente una hora. Al hacerlo varias veces, podrá constatar un bienestar", según un escrito medieval de santa Hildegarda de Eibingen.

EL ÓNICE

ÓNICE

Su nombre procede del griego onyx, que significa "uña, garra", ya que esta piedra de destello brillante tiene una forma y un aspecto que recuerdan a una uña. Sin embargo, todo deja suponer que esta palabra griega deriva del sánscrito nakkàh, que también significaba "uña" y "garra". En efecto, en la Antigüedad, era apreciada en la India y en Persia, donde se creía que volvía invisible quien la llevaba. Pero fue sobre todo en la Edad Media cuando más se habló de ella. Citemos especialmente una piedra de ónice a la que se le atribuían virtudes curativas milagrosas y que se encontraba en la iglesia de San Miguel de la abadía Saint Albans, en el noroeste de Londres, en Gran Bretaña, donde reposan los restos del filósofo y político inglés Francis Bacon.

Sin embargo, por sus colores -puede ser negra, marrón o roja-, se creía qie podía ejercer una mala influencia y, concretamente, provocar conflictos y rupturas, sobre todo en las parejas pero también entre vecinos.

Sus poderes y virtudes terapéuticas

No nos sorprenderá saber que se suponía que tenía excelentes efectos sobre el brillo y la tonicidad de la piel, de las uñas, por supuesto, y también de los cabellos. Hacía maravillas para estimular el sistema inmunitario y así proteger de las enfermedades contagiosas. Por otro lado, era muy útil en caso de problemas oculares. "Cuando una persona tiene los ojos débiles o siente que se le está formando una úlcera en los ojos, debe verter vino bueno en un recipiente de cuero. Debe colocar dentro una piedra de ónice para que se limpie durante quince o treinta días. Luego la sacará dejando el vino en el mismo recipiente. Todas las noches, el enfermo debe mojar sus ojos con el vino. De esta forma se le aclararán y se le curarán", escribió santa Hildegarda de Eibingen.

EL JASPE

JASPE

Al contrario que el ónice, el jaspe era muy célebre en la Antigüedad. Encontramos la raíz etimológica de su nombre, en Mesopotamia, en el término acadio yaspû, de donde derivó el hebreo yaspeh. Se trata de una piedra opaca con muchas marcas coloreadas. Además de resultar un remedio milagroso, los poderes que se le atribuían eran numerosos. Así pues, se suponía que favorecía las visiones y los estados propios de los mediums, y que los mismos indios la utilizaban en los rituales de la lluvia. Se usaba, pues, comúnmente, tanto en la magia como en la brujería. Además, parecía proteger de todos los males y plagas de la naturaleza, pero también de los accidentes, de las heridas e incluso de las mordeduras de serpiente y de las picaduras de escorpión y de grandes insectos.

Sus poderes y virtudes terapéuticas

Parece que en la más remota Antigüedad y durante la Edad Media, el jaspe se empleaba para cuidar y curar casi todas las enfermedades. Debemos decir que Galeno, Dioscórides y Plinio el Viejo alabaron sus virtudes. Según ellos, sus efectos contra los dolores de estómago, de hígado, de riñones y de corazón, eran inmediatos. Sus virtudes resultaban estimulantes, tonificantes, cauterizantes, cicatrizantes, inmunizantes y calmantes. "Quien sienta venir los dolores en su cuerpo, en las costillas o en un lado, es decir, una artritis, que ponga un jaspe en dicha parte del cuerpo y que presione fuertemente hasta que se caliente, el mal desparecerá porque el buen calor y la virtud del jaspe apaciguan y curan estos dolores irregularmente fríos y falsamente calientes. [...] Quien se despierte durante la noche con palpitaciones en el corazón o a quien, durante el día, le importune un dolor en el corazón o en un lado, casi siempre se sentirá aliviado con una piedra de jaspe aplicada sobre la piel y en el lugar del corazón. [...] Una persona que tiene pesadillas a menudo debe poner una piedra de jaspe cerca de su cuerpo, de modo que todos los fantasmas y todos los engaños del diablo huirán y desaparecerán", así lo contó santa Hildegarda de Eibingen



martes, 17 de marzo de 2026

Virtudes y poderes de los cristales, IV

El ópalo, el ágata y la amatista


EL ÓPALO



ÓPALO

Su nombre viene del sánscrito upalah, que significa "piedra", y que ha dado en griego oppalios y luego en latín opalus. En castellano no se data esta palabra hasta el siglo XVII.

Fue, en primer lugar, en la India donde esta piedra resultó de gran estima por su brillo, su belleza y la fuerza protectora que se le concedía. Se atribuía a la Trimûrti, nombre que en sánscrito significa literalmente "que tiene tres formas", es decir la Trinidad hindú, compuesta por Brahma, el Creador; Vishnu, el Conservador: y Shiva, el Destructor. Los hindúes le concedían, pues, un poder divino.

Más tarde, los griegos y los romanos vieron también en ella numerosas virtudes. Existen muchas anécdotas relacionadas con esta piedra, la más preciosa de todas para los hombres de la Antigüedad. La anécdota más célebre nos habla de un senador romano llamado Nonius, que poseía un ópalo con un brillo azul incomparable. Ahora bien, también el fogoso Marco Antonio codiciaba dicha piedra, que deseaba con fervor ofrecer a la reina de Egipto, Cleopatra. Pero el senador optó por el exilio antes que ceder a la voluntad del político romano.

Por otro lado, sobre todo en Oriente, el ópalo tenía fama de guardar la virtud de potenciar el brillo y la tonicidad de los cabellos de las mujeres rubias y protegerlos del peligro del mal tiempo. Por eso, los apreciaban mucho y todas deseaban tener uno. Sin embargo, mientras en la Antigüedad esta piedra era célebre por los beneficios que aportaba, en Europa, en particular en la Edad Media, no sucedió lo mismo. Esta piedra tuvo fama de gema maléfica. Considerada por griegos y romanos una piedra que traía suerte, en cambio desde el siglo X se le llamó la piedra de las lágrimas y los joyeros la desdeñaron.

Sus poderes y virtudes terapéuticas

Sin embargo, el ópalo no carecía ni de atractivos, ni de poderes. Se creía concretamente que llevar un ópalo ayudaba a mantener la tranquilidad, a no dejarse atrapar por las emociones, volvía al individuo más confiado, más sereno y también más tierno. En cuanto a sus virtudes terapéuticas, son innumerables. En efecto, las creencias al respecto revelan que se supone que preservaba de las enfermedades cardíacas, las infecciones de todo tipo, los problemas oftálmicos y hepáticos, que estimulaba la capacidad cerebral, los presentimientos positivos, la reflexión, la meditación, la vista. La propiedad más evidente que dicha piedra parece albergar es la del sosiego del espíritu.

EL ÁGATA



ÁGATA

De esta piedra no podemos decir que sea rara, pues existe muchas variedades en todo el mundo. Contrariamente al ópalo, tuvo una excelente reputación durante toda la cristiandad, y no era excepcional oír a los obispos alabar sus virtudes. Entonces se creía que favorecía la longevidad y la obtención de riquezas. Su nombre, derivado del griego akhatês, designaba simplemente cualquier variedad de calcedonia. En la Antigüedad, los campesinos pensaban que llevando un ágata tendrían más oportunidades de obtener una cosecha abundante; esta creencia perduró durante mucho tiempo. Era frecuente ver un ágata colgando de la yunta de una carreta. Hoy en día, todavía está considerada la piedra de la suerte de los jardineros.

Pero hay otras creencias que tienen que ver con ella desde hace milenios.

Tal vez las más arraigada es la que le atribuye el poder de proteger del rayo a quien la lleve. En la Edad Media, se creía también que preservaba de los sortilegios, los demonios, los venenos así como de todos los males y desgracias provocados o generados por los autores de maleficios.

Sus poderes y virtudes terapéuticas

En la Antigüedad, el ágata tenía fama de curar y aliviar a cualquier persona víctima de una picadura de escorpión o de una mordedura de serpiente y ser contaminado por su veneno. Parece que, una vez más, esta virtud ha sussistido en la mentalidad de nuestros antepasados.

En efecto, en la segunda mitad del sigo XII, en plena Edad Media, santa Hildegarda, abadesa de Eibingen, escribía: "Cuando una araña u otro insecto pica a una persona y el veneno todavía no ha penetrado en la circulación de la sangre, hay que calentar mucho un ágata al sol o sobre un ladrillo ardiente. Una vez caliente, se coloca la piedra en el lugar del dolor. El ágata extrae el veneno. Hay que calentar la piedra de nuevo de la misma forma y luego mantenerla encima del vapor caliente del agua; en seguida se deja reposar la piedra durante una horita en agua caliente. Luego, se sumerge en dicha agua un trapo de lino, con el que se rodea el lugar de la picadura de araña. De esta forma la persona se curará".

Pero esto no es todo. El ágata gozaba también de la reputación de hacer milagros en casos de sonambulismo, parece que muy frecuentes en la Edad Media, ya que numerosos testimonios lo atestiguan. Leamos lo que escribió al respecto nuestra abadesa: "Una persona afectada de sonambulismo debe poner una piedra de ágata durante tres días en agua y tres días antes del trastorno mental, luego debe calentarse dicha agua sin la piedra poco a poco. Todos los alimentos consumidos  por el enfermo deben ser preparados con esta agua y en todas las bebidas se debe colocar una piedra de ágata. Esta práctica debe seguirse durante cinco plenilunios, de forma que el enfermo vuelva a su equilibrio y se cure, excepto si Dios no lo quiere."

LA AMATISTA


AMATISTA

Se trata de una piedra de cuarzo cristalino coloreado por el óxido de hierro, cuyo nombre posee ya en sí mismo todas las virtudes y poderes que se le atribuían en la Antigüedad.

"Amatista", en el sentido literal significa "el que no está borracho", viene del griego amethustos, cuyo origen etimológico se encuentra en el término, también el griego, methuien, que significa "emborracharse". En efecto, probablemente por el color violeta de esta piedra, que recuerda el color de las heces del vino, se le atribuía el poder de preservar a los hombres de la embriaguez o de curar a los alcohólicos.

Al igual que las creencias relacionadas con las virtudes y poderes del ágata respecto a las cosechas, las creencias que se relacionan con los efectos salvadores que produce sobre quienes beben alcohol todavía siguen presentes en la actualidad.

Pero éste no es el único encanto, ni mucho menos, que se atribuía a esa gema. En efecto, representaba también la autoridad bajo todas sus formas, especialmente y sobre todo, la autoridad eclesiástica, la humildad, la moderación, la pureza moral, la verdad y la nobleza de corazón.

Como vemos, se trata de grandes virtudes que le valieron a dicha piedra una buena reputación en la Edad Media y se recomendaba mucho llevarla.

Se confeccionaban también rosarios de amatista con poderes protectores y mágicos y los obispos celebraban a menudo la santa misa con copas con engastes de amatista.

Sus poderes y virtudes terapéuticas

Hay que saber que, en la Antigüedad, a menudo se designaba a una variedad violeta de zafiro con el nombre de amatista.

Por eso, numerosas virtudes terapéuticas atribuidas al zafiro pueden también aplicarse a la amatista. También actuaba como remedio milagroso para curar casi todos los males.

Sin embargo, es única en su género para poder preservar contra la embriaguez y curar a los alcohólicos de su debilidad.

Parece también que tuvo ciertas especialidades en sus poderes para proporcionar un sueño profundo, sin trastornos, para tranquilizar a los espíritus tumultuosos, para favorecer el equilibrio de todo el sistema nervioso, aun siendo un euforizante, un fortificante y un excelente estimulante para el sistema inmunitario.