sábado, 23 de septiembre de 2017

La alquimia. Algunos alquimistas

Veamos 5 grandes figuras de la alquimia que, a través de los siglos y en muchas civilizaciones, trabajaron por la búsqueda del último secreto de la vida.


KO HONG (HACIA 252-HACIA 333)


Históricamente, el primer alquimista conocido es un chino llamado Ko Hong, que según la costumbre china, obtuvo la apelación honorífica de Che K'iuan y el sobrenombre de Pao P'u-tso. Se trataba de un pensador taoísta de gran renombre, que nació en pleno siglo III de nuestra era y que murió hacia el año 333. Si situamos históricamente la existencia de este personaje que, como  es habitual en China, es al mismo tiempo auténtico y legendario, es simplemente porque fue el autor de un tratado de magia y de alquimia que ha llegado hasta nosotros, el Pao P'u-tso, de ahí su sobrenombre.
De nacimiento humilde, consiguió ascender en la jerarquía política de su tiempo, obteniendo un puesto oficial -lo que en esta época sucedía raramente- en una provincia en que la alquimia ya tenía bastante crédito, y donde pudo dedicarse a sus trabajos, inspirados en sus meditaciones sobre los textos taoístas.
Ko Hong no aspiraba a transformar el plomo en oro, sino a fabricar una sustancia mágica que volviese inmortal a quien la absorbiera. "Quienes absorban este polvo de la inmortalidad -escribió- verán cómo sus cabellos blancos se transformarán en negros, y los dientes que les faltan crecerán; recuperarán la fuerza que habían perdido. Los que tomen esta droga no envejecerán jamás, los ancianos se convertirán en jóvenes y vivirán eternamente."

ZÓSIMO DE PANÓPOLIS



"Si descubres mis tesoros, deja el oro para los que busquen su propia pérdida; pero al hallar el medio de comprender los caracteres, en poco tiempo reunirás todas las riquezas. Si, al contrario, tomas solamente las riquezas, te precipitarás hacia tu propia pérdida debido a los celos de los reyes, y no sólo de los reyes, sino de todos los hombres."
Así se explicaba este alquimista, al que no hay que confundir con el Papa del mismo nombre y que llegaría a ser también santo.
Zósimo de Panópolis era un historiador griego que vivió en la segunda mitad del siglo V de nuestra era. Su obra es testimonio de la decadencia romana, víctima de la subida al poder del cristianismo, que, como sabemos, se convertirá en la religión del poder. Pero también fue un alquimista eminente, cuyas obras se sitúan en la encrucijada de la Gran Obra realizada por los egipcios y los griegos, y que tuvieron una profunda repercusión en la mentalidad, las creencias y las costumbres de la Europa medieval.

AVICENA (980-1037)



Gran filósofo, matemático y alquimista árabe, Abu Ali al-Hosain ibn'Abdallah ibn Sina fue también maestro en geometría y en medicina, practicando y enseñando el arte de curar desde que contaba la edad de 16 años. Así pues, la lógica, la física, la metafísica, la astronomía, la astrología, la aritmética, la música, además de la medicina y de la geometría, no tenían secretos para él. Durante este período más agitador que agitado que fue el paso del milenio I al milenio II, sus trabajos y su obra fueron sin duda el origen de un giro en la historia de la humanidad en la aprehensión del saber y la ciencia; puesto que Avicena fue uno de los primeros en describir con mucha precisión el esqueleto del hombre en sus menores detalles. Definió con muca claridad los síntomas de la meningitis, los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro y la naturaleza y orígenes de los tumores.
Su farmacopea, de una gran riqueza, estaba compuesta de pociones preparadas con mucho cuidado y precisión y era capaz de aliviar y curar muchos males.

NICOLÁS FLAMEL (1330-1418)


Se trata ciertamente del más célebre de los alquimistas, pero sin duda también el más misterioso y controvertido. Así, actualmente se sabe que la obra que se le atribuye, el Libro de las figuras jeroglíficas, no fue escrita hasta el siglo XVII, dos siglos después de su muerte. Sin embargo, antes de haber encontrado la Piedra filosofal -puesto que así es cómo se explica que este humilde escribano público se convirtiera en uno de los hombres más ricos e influyentes de su tiempo (aunque parece que NIcolás Flamel simplemente fue un hombre previsor y muy capacitado para hacer dinero, como se suele decir actualmente)-, fue iniciado en la cábala y la alquimia por alquimistas judeo-españoles cuando hizo un viaje en total clandestinidad hacia España, a espaldas de la Inquisición, que perseguía tanto a los judíos como a los cabalistas y alquimistas. De vuelta a París, Nicolás Flamel se dedicó día y noche a trabajos de alquimia y se hizo rico. ¿Fueron sus hallazgos alquímicos lo que le permitió pasar de repente de la indigencia a la prosperidad? No se sabe. Pero entre lo mejor de París de su época corría un rumor que le obligó a realizar un peregrinaje a Santiago de Compostela para demostrar su fe. A su muerte, la famosa fortuna del alqimista parisino ascendía aproximadamente a 800 libras. Sin duda una bonita suma, pero que no tenía nada de excepcional. En realidad, se ha comprobado que Nicolás Flamel heredó bienes de su compañera, Dame Pernelle, que murió en 1397.
Por eso, el rumor público pudo más que el alquimista, cuya obra siguió siendo, a pesar de todo, célebre.

PARACELSO (1493-1541)


Theophrastus Philippus Bombastus von Hohenheim nació en Suiza, en el cantón de Zurich. Su padre, médico, era profesor de ciencia química, es decir, de alquimia, puesto que así es cómo se la llamaba oficialmente. Gran médico, alquimista y profesor de estas ciencias a su vez por todas las universidades europeas, tuvo una actitud totalmente revolucionaria para su época, por un lado porque tomó la iniciativa de transmitir su saber en su lengua natal, el alemán, en vez del latín, y por otro lado porque se vanagloriaba de practicar la medicina basándose en la obra de Hipócrates, en lugar de Galeno, como era lo habitual. Por eso se le llamó el Lutero de la medicina. Por otro lado, los trabajos y la obra de Paracelso, titulada la Gran  cirugía y compuesta de 15 volúmenes, abrieron una vía de la medicina moderna homeopática y alopática.



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